No tengo nada contra Shakira aunque sí con el padre de su novio. Pero, bueno, ¿qué culpa puede tener una cantante de lo que hace un salame? Me gusta como cantante, creo que, como mujer, les gusta a todos los hombres, pero también me gusta su tarea oculta, su forma de ser solidaria con su país. Shakira tiene una fundación que abre y abre escuelas en Colombia. La escuché disertando nada menos que en la Universidad de Oxford y me impresionó. Defendió enérgicamente la democratización de la educación. Dijo que los niños no pueden esperar cien años para que se acuerden de ellos, que se deben distribuir ya mismo alimentos en la población infantil. Dijo que había que mandar 30.000 educadores a Afganistán y no 30.000 soldados.
Me gusta, che. Ahora, lo que no me gusta es que haya interpretado la canción del Mundial. No porque lo haga mal, al contrario, no desafina, le pone ganas, contagia con el ritmo, sino porque yo esperaba un africano o una africana, mejor una sudafricana o un sudafricano. Es tan rica la música de África y son tantos sus exponentes, que me parece que debió ser así.
Alguien como Miriam Makeba, Lebo Mathosa, Dave Mattheus, que son todos del país que está recibiendo al mundo. Pero, bueno, ya se ha hecho popular el Waca Waca. Miren ustedes la coincidencia idiomática, waca waca se llama una danza que se baila en el altiplano de Perú y Bolivia, remedando las fiestas de toros que hacían los españoles en los primeros años de la colonia.
Pues en el tema del mundial, waca waca es una voz camerunesa extraída de una canción de raíz militar, Zangalewa, que aparece en el estribillo del tema de shakira. La traducción sería vengan, o vengan África en este caso que nos ocupa actualmente. El autor de la canción es el somalí K’naan. Autor somalí, música de Camerún, cantante Colombiana. ¿Y Sudáfrica qué? Es como si en el próximo Mundial del Brasil, la canción fuese un tango de autor venezolano, cantado por Rubén Blades.
