Tienen cosas curiosas los mundiales de fútbol, por ejemplo, en el Mundial de 1930 en Montevideo, 80% de los espectadores tomaba mate en la tribuna; en el Mundial de Corea y Japón cuando, los referís sacaban tarjetas amarillas, todo el mundo aplaudía, por una cuestión de piel. En el Mundial de Francia, las chicas locales bailaban el can can en la tribuna, cosa que provocó que miles de hinchas no vieran los partidos. Ahora en Sudáfrica, la característica es el sonido de las vuvuzelas. Las vuvuzelas son unas cornetas de plástico que imitan el sonido del cuerno de kudú, una especie de antílope que existe en África y que suele ser el plato de entrada de los leones. El kudú tiene cuernos de más de un metro de largo, lo que hace pensar mal de las actividades sexuales de la hembra kudú. El cuerno de este animalito fue usado –y todavía lo es– por los nativos africanos para llamar a sus tribus, para el anuncio de ceremonias o grandes eventos. Hasta que hace diez años, aproximadamente, comenzaron a fabricarse de plástico y por supuesto se popularizaron. Aunque hay varias interpretaciones, se acepta que la palabra vuvuzela deriva del idioma zulú y significa baño de sonido. Poético el nombre. Lo que no es poético es su sonido, parecido al barritar de un elefante o al zumbido de mil abejas, puede volver loco a quien no está acostumbrado. Es un sonido más molesto que tres cascotes adentro del zapato, que te pueden volver loco. Dos horas escuchando eso y uno prefiere oír un CD de Pimpinela. La gente no habituada se queja; se quejan los turistas que están comprando tapones para los oídos por docena; se quejan los técnicos, porque dicen que los jugadores no escuchan sus ordenes; se quejan los jugadores porque adentro de la cancha se tienen que entender por señas; se quejan los referís, porque nadie le da importancia a su pito. Bueno, faltaría eso. Es más, hay amagues de suspender el soplido de las vuvuzelas por el resto del torneo. No me parece, che. Es una tradición en Sudáfrica, un elemento cultural que los sudafricanos han adoptado para transmitir sus entusiasmos. No me parece que la prohíban. A ver si en Argentina alguien se atreve a suspender el “Olé, olé, olé, cada día te quiero más”. ¡Por favor!