La aparición de Ricardo Fort en el segmento mediático marcó un antes y un después en la televisión nacional: antes era mala, con él es pésima. ¿Cómo puede entregarse gran parte de los programas de los canales más importantes a darle cabida a este señor que tiene la cultura de una lombriz sicótica y una capacidad artística a la altura de un adobe de segunda marca.

   Deberá hacer un acto de contrición la tele en general para analizar la propuesta que se le hace al público, para entender, si cabe, la responsabilidad que tienen los medios de ofrecer a su público lo mejor que se le puede dar. Absolutamente lo mejor, aunque eso signifique no ganar tanto como ganan. Y hablando de ganar, lo que gana este señor, por llamarlo de alguna manera, son fortunas diarias. Sus empresas son exitosas y acumulan dinero a tal punto que, según sus propias palabras, ya son millonarios sus tataranietos.

   Pues bien, ocurre que algunos millonarios son unos miserables. Viven, crecen, multiplican sus cuentas bancarias a costa de la miseria de los demás. Los trabajadores de la firma alimenticia Felfort, de la cual este señor es dueño, cortaron ayer calles del barrio de Almagro para protestar por el despido de 14 compañeros.

    Dicen los empleados: “Mientras Ricky Fort sale en todos los medios afirmando que no le alcanzan tres vidas para gastar todo lo que tiene, se oculta la verdadera realidad de los trabajadores y trabajadoras. En la fábrica Felfort, como en muchas otras, son moneda corriente los despidos, la precarización con extenuantes jornadas laborales y el maltrato laboral, así como los acosos de los supervisores a nuestras compañeras”.

   Mi amigo, el sociólogo Alberto Carlos Datos, dice que no hay millonario que no se haya aprovechado de sus recursos humano en algunos pasajes de su millonariez, y parece que aquí se cumple su teoría. Así que: fisicudo, metrosexual, con demandas encima, millonario y abusador de sus empleados. ¿Este es el modelo de tipo que queremos los argentinos? ¡Por favor! Paren el país, que yo me bajo en la esquina. Le dije a un amigo mío que habían descubierto que Ricardo Fort maltrata a sus empleados y mi amigo me dijo: “¡Ahá! ¡Mirá vos! Chocolate por la noticia”.