La corbata, usted la conoce, es más, la usa o la usó en el casamiento de la Josefina, donde le dieron de comer lentejas rellenas, es un atuendo de vestir, de eso no hay dudas, un adorno, porque no sirve para abrigar ni para desabrigar, como el resto de los atuendos. Su origen parece ser en el siglo XVII, que dicen que es el siglo 17, cuando un regimiento de Croatas, después de vencer a los Turcos, llegó a París, desfiló frente a las autoridades y sorprendió con su vestimenta a Luis XIV, que dicen que era Luis 14 . Dijo Luis XIV : “¡Oh, mon Dieu! Qué tré jolie atuendé!”. Porque los soldados llevaban en el cuello una especie de pañuelos de colores. Lo cierto es que el rey de Francia hizo diseñar para la guardia de la corte un pañuelo con la insignia real al que llamó cravette, término que quiere decir “croata”. El regimiento se llamó Royal Cravette. La tela en el cuello se extendió por el viejo continente y llegó a Inglaterra. Con los años, se convirtió en un símbolo de los sectores más opulentos de la sociedad. También en un emblema del laburo. En muchos trabajos es imprescindible concurrir con corbata, y entonces el yugo lunfardo se emparenta con este trozo de tela romboédrico. Pues bien, así como hay movimientos de campesinos que son los Sin Tierra y alguna vez hubo en Argentina (ya no se usa) un movimiento llamado los descamisados, ahora parece haber una tendencia al sincorbatismo. Los Sin Corbatas. Y está impulsada por los presidentes. Veamos: a Chávez, de Venezuela, y a Ortega, de Nicaragua, no les gusta mucho aparecer con corbata, lo hacen, pero cada vez menos. Nada que decir del Evo Morales, que desde el inicio de su gestión en Bolivia desechó la vestimenta tradicional de los presidentes. Ahora apareció Lugo en Paraguay, quien hizo su primer discurso como presidente vestido con una camisa blanca con cuello Mao y calzando sandalias. A esto debemos agregarle que por estos lados hay una presidenta que, por su estirpe de mujer, no usa corbata. Así que, lentamente, este adminículo de la moda masculina de hace una punta de años va desapareciendo de las fotos oficiales. La informalidad nos va ganando, o a lo mejor es una forma de querernos convencer de que ya podemos vivir sin la soga al cuello. Ojalá.