Cuando restan quince días para que asuma la Gobernación, Rodolfo Suarez apura el tratamiento de los temas más sensibles de la agenda. Desde que la semana pasada el nuevo gobernador se reuniera con Anabel Fernández Sagasti y Omar Félix en la residencia provincial, él y buena parte de lo que será su generalato, parecerían tener en mente que, de la suerte de esos encuentros, de la regularidad con la que se realicen y de la claridad con la que se aborden y se discutan los asuntos más relevantes, dependerá la buena marcha de su gestión a punto de iniciarse.
En el ámbito político, estrictamente, en quienes conforman el sector, hay buenas expectativas sobre lo que pueda llegar con Suarez en el gobierno. Esto es en cuanto al cultivo de un nuevo estilo de relación entre oficialismo y oposición, quizás más horizontal, menos admonitorio y más democrático, diferente al que deja la era al dominio de Alfredo Cornejo marcada por la imposición, la verticalidad, el poder del número en la Legislatura y también por la sobreactuación en algunos casos.
Es cierto que Cornejo se encontró con una oposición peronista sin conducción cuando asumió, y con los intendentes jaqueados internamente por esa corriente kirchnerista que terminó por ganarles la interna cuando se enfrentaron. Pero, el diálogo y la negociación no fueron precisamente las virtudes más visibles de un jefe de Estado provincial enamorado de la política y de todo aquello que esa ciencia puede lograr, pero que siempre ha sido un jugador de inconfundible mecha corta; desde siempre.
Se cree que, en el arranque de semana, Suarez volverá a tener un contacto con Fernández Sagasti y con el sector de los intendentes.
Como la senadora permanecerá en Buenos Aires atendiendo las cuestiones que tienen que ver con su futuro personal (está pendiente de lo que decida hacer Cristina Fernández de Kirchner con ella en el armado del nuevo esquema de autoridades del Senado nacional, donde se juega la posibilidad de que se transforme en presidenta provisional), el contacto entre ambos será telefónico, según se ha dejado trascender.
La semana pasada quedaron en que por estos días cada uno definiría el nombre de quien los represente para discutir la agenda legislativa. Lo propio deberían hacer los intendentes que en aquella reunión fueron representados como está dicho por Omar Félix.
Se continuará hablando del presupuesto del año próximo, pero desde ya que Suarez necesita precisiones del que surja a nivel nacional y de las correcciones que le haga a esa pauta de gastos Alberto Fernández, el presidente electo que ha sido como se suponía muy crítico de aquel armado por el elenco de gobierno de Mauricio Macri.
Pero en el listado aparecen otros asuntos igual de importantes que el del presupuesto: son los que tienen que ver con el endeudamiento para las obras de la GIRSU (planta de tratamiento de residuos urbanos del Gran Mendoza), el acueducto ganadero de La Paz y la doble vía San Martín, Junín y Rivadavia y el controvertido asunto de la explotación de la minería, para lo que Suarez necesita que se le hagan modificaciones a la ley 7.722.
Sobre este último punto, Suarez y Fernández Sagasti resolvieron ir despacio, lo que significa para algunos de los intérpretes de lo que acordaron, que el nuevo gobierno impulsaría su propio proyecto de modificaciones incluyendo o alterando en parte las iniciativas de los peronistas Alejandro Abraham y Juan Agulles.
Sin embargo, hay quienes no descartan que en la semana se avance más rápido de lo que se cree con el famoso proyecto que intenta hacerle cambios a la norma que ha impedido la minería metalífera en más de una década de vigencia.
Pero, Suarez tiene en mente sus temas propios que tienen que ser tratados en la Legislatura. Allí aparece la creación de un banco provincial, la implementación de un plan de empleo que podría necesitar de la aprobación de ambas cámaras, además de lo que ya se conoce y que su equipo viene trabajando en los papeles desde algún tiempo atrás, como esa posible transformación de la Legislatura que pasaría de las dos cámaras que se conocen, a la unicameralidad.
El nuevo gobierno tendrá entre sus prioridades más urgentes, se presume, la reactivación de la economía tras los avances que va a heredar como activos, desde ya, de todo lo relacionado con la marcha del Estado, y de los cambios que instrumentó en la administración pública la gestión de Cornejo.
En ese sentido, Suarez buscará una impronta particular en la explotación de los hidrocarburos, tanto en el área de los convencionales como en el no convencional.
Es probable que allí se vaya hacia un cambio impositivo que les permita a las petroleras no bajar el ritmo de inversión, ya sea en la exploración como en la explotación. Si eso ocurre, tales nuevas medidas como posibles incentivos fiscales deban pasar también por la Legislatura.
Como sea, se cree que Suarez irá por un estilo de negociación y de acuerdos legislativos y políticos que rápidamente borren aquella imagen dejada por Cornejo, signada por el látigo y mucho de prepotencia cuando los acuerdos se dilataban. Para saberlo a ciencia cierta, sólo hay que esperar que los acontecimientos hablen por sí mismos. Y para ello falta muy poco.
