Los millones de personas afectadas por la crisis económica, por la falta de empleo, por la ausencia de horizontes promisorios, por la inflación, el dólar y todas aquellas consecuencias que ha dejado en la superficie el hundimiento de la Argentina aguardan el cambio de gobierno para volver a creer y hacer renacer la esperanza de un tiempo mejor al vivido. La elección ya pasó e, incluso aquellos que no votaron por Fernández, le dan crédito a cierto tipo de milagro que pueda operar mostrando un camino de despegue; quienes apostaron por el nuevo presidente electo están convencidos de que, ahora sí, lo mejor está por venir.

El renacer de alguna esperanza y de un tiempo más benévolo conforman el mecanismo natural y lógico que se manifiesta en muchos tras un proceso electoral casi de angustia vivido en un año en el que todas las variables económicas se fueron derrumbando sin encontrar, por el momento, su piso. Sin embargo, sobrevuela, persistente, la misma pregunta inquietante que se les presentó a los mismos millones en el 2015: ¿Se encontrará el rumbo?

La incertidumbre de las personas se extiende hacia el funcionamiento del Estado y en las nuevas políticas que el gobierno electo, a nivel nacional, particularmente, imagina y piensa implementar para darle rienda cierta a todo lo que se discutió en la extensa campaña. La transición ha dado algunas muestras, evidentes de que Argentina ha aprendido bastante como para seguir agitando las aguas inútilmente. Al menos eso es lo que se deja mostrar por ahora, en una suerte de calma atenta, frente a la Argentina que viene la que puede mostrar otra faceta sustentada obligadamente en la búsqueda de los acuerdos para construir gobernabilidad y, sobre todo, los resultados positivos que se persiguen.

Qué pasará con Mendoza y en Mendoza, conforman también una pregunta válida en el nuevo escenario que se avecina. Hace tiempo que en el microclima de las redes sociales corren, entre ocurrentes y algo hilarantes, esos vientos que algunos confunden con movimientos separatistas o algo por el estilo frente a lo que sucede en otras regiones del país.

El ya famoso #MendoExit, aludiendo a un juego que propone sacar a la provincia de la órbita por donde se mueve el país, ha trascendido los límites locales para transformarse en un hecho noticioso en otros territorios. La ocurrencia, que reúne a intelectuales, algunos empresarios, políticos, hacedores culturales y turísticos, no parece ser otra cosa que esa exteriorización por afuera de las instituciones de que Mendoza, en verdad, es otra cosa, distinta y ajena, con otras realidades y modos de ese motor que moviliza a buena parte del país.

¿Puede Mendoza encontrar dentro de lo que viene alguna respuesta propia que permita ver salidas parciales o generales a sus variados problemas? Bueno, eso está por verse y configura un reclamo todavía no exteriorizado en toda su magnitud. Eso constituirá, seguramente, el gran desafío de la administración de Rodolfo Suarez, la que se presentó en la etapa de la campaña como la de la continuidad de todo lo bueno alcanzado por la de Alfredo Cornejo.

Pero, Mendoza necesita dar un salto, de calidad, claro está, pero sobre todo de cantidad. Ampliar su matriz productiva y buscar multiplicar la actividad y la competitividad para sus empresas e industrias pensando en un nuevo orden que se va a establecer con Alberto Fernández en la Nación.

El gobierno de Suarez tendrá buena parte de su suerte atada al rumbo nacional. Fernández ha dado indicios de que un pilar fundamental para su gestión estará basado en el trabajo conjunto que desplegará con los gobernadores. Para cuando se conforme esa mesa, Suarez deberá presentar el plan que imagina ejecutar en Mendoza e, independientemente de las diferencias políticas e ideológicas, o por la presencia de ellas, apelar a una estrategia de seducción que le permita recibir el máximo apoyo, al menos institucional, del nuevo gobierno que administrará el Estado nacional.

Por estos días, Suarez y Cornejo han comenzado a recorrer tres de las ciudades chinas más importantes. A esta misión, el dúo de gobernadores, el electo y el que se va, llegan con el objetivo de militar y fundamentar una suerte de eslogan con el que pretenden convencer y seducir al capital chino. Se trata de ese que sostiene que “Mendoza está mejor parada que la Nación porque hizo el trabajo de equilibrio antes”, como lo declaró esta semana en Buenos Aires el ministro Martín Kerchner, y aquel otro, complementario, que sostiene que esta provincia, la de la #MendoExit si se quiere “está haciendo su propio comercio exterior, su propia cancillería” con estos viajes al exterior que se vienen protagonizando desde varios años atrás