Siempre es tentador empezar a sentirse mejor luego de estar por una semana o más tiempo enfermos. Deseamos recuperar el tiempo perdido para integrarnos a tope con nuestro plan de entrenamiento o con nuestro equipo, y eso es un grave error, no debés hacer ejercicio muy fuerte después de haber estado enfermo.
¿La razón? Sencillo, a pesar de que el ejercicio puede mejorar tu sistema inmunológico, lo mejor es que regresés a tu plan de entrenamiento cuando estés al 100%.
Después de un periodo de enfermedad tu resistencia puede verse afectada, por lo tanto, no debe sorprenderte si no podés correr como antes. Debés tomarte un tiempo extra para preparar a tu cuerpo de nuevo para la actividad física. Al adoptar un enfoque lento y constante podés aumentar tu fuerza y resistencia de manera segura para poder volver a tu rutina normal con menor riesgo a sufrir un retroceso.
Impacto en el sistema inmunológico
La actividad física moderada tiene un efecto positivo en el sistema inmunológico, aumenta temporalmente la producción y el movimiento eficiente de las células que ayudan a combatir las bacterias y los virus. Aunque el ejercicio moderado puede mejorar tu sistema inmunológico, las sesiones extremas de más de 90 minutos pueden disminuir tu inmunidad durante las próximas 72 horas y ponerte en riesgo de contraer otra enfermedad. Entrenar demasiado o por mucho tiempo cuando te estás recuperando de una enfermedad disminuye el recuento de glóbulos blancos y aumenta la producción de la hormona del estrés, lo que inhibe tu sistema inmunológico.
¿Cuándo comenzar a entrenar?
Si tenés un resfriado con síntomas por encima de tu cuello: secreción o congestión nasal y tos, entonces es seguro hacer ejercicio moderado. Si en cambio, tenés síntomas respiratorios por debajo del cuello como: gripe, diarrea y vómitos causados por enfermedades intestinales, no debés ejercitarte hasta que los síntomas desaparezcan totalmente.
