Buenos días, a pesar de todo. A veces hay que echar mano a algunos atributos que tiene el ser humano. Por ejemplo, resulta casi imprescindible usar la paciencia cuando uno tiene turno con un médico. Los médicos se aprovechan de la salud para faltarnos al respeto. Por ejemplo, es indispensable usar la resignación con el tema del viento Zonda. ¿Qué podemos hacer en contra de él? Pues, absolutamente nada. No lo podemos desviar, parar o elevar, es inevitable. No creo que el Gobierno pueda eliminar al Zonda por decreto de necesidad y urgencia, entonces ¿qué hacemos?, pues resignación.

    Y tratemos de encontrarle su lado bueno así no nos jode tanto. Por ejemplo, el Zonda nos acerca a las grandes decisiones argentinas, porque esas decisiones se toman en Buenos Aire y, con el último Zonda que tuvimos, Mendoza se aproximó quince metros a Buenos Aires. Otra ventaja: no hay que podar los árboles, porque cada vez que sopla viento Zonda, nos quedamos sin árboles.

    Durante el último Zonda, por el séptimo piso donde vivo pasó un carolino volando y haciendo pío, pío. Otra ventaja, el Zonda nos obliga a estar en casa y eso favorece la comunicación de los integrantes de la familia, que, entre el laburo de los viejos y el fanatismo por la PlayStation de los pibes, hace meses que no se hablan, e, incluso, llegan a dudar de si son parientes.

    Pues, el Zonda los obliga a mirarse y, de ser posible, a conversar un rato. Otra ventaja es que el Zonda le da trabajo a la gente de los inyectables, que sale a hacer delivery de salud hasta que gasta el mercurio de los tensiómetros. El Zonda le da un justificativo al tránsito de Mendoza. Porque, en días normales, es un despelote tan grande que hasta los pericotes andan con casco. Pues, cuando sopla el Zonda, todo está justificado: la culpa la tiene el viento.

    Y he aquí una de las grandes ventajas del Zonda: tiene la culpa de todo. Me duele la cabeza: el Zonda; estoy mareado; el Zonda; no puedo dormir: el Zonda; me hice pichí en la cama: el Zonda; estoy afónico: el Zonda; estoy estreñido: el Zonda; no tengo un mango: el Zonda. El Zonda es un viento culpable, pasa para que podamos purgar nuestras culpas. Así que, a no quejarse, que son muchas las ventajas que nos trae este viento prepotente. Es más, deberíamos festejar su llegada haciendo un asadito pero, claro, quién se banca comer afuera si sopla Zonda.