Esta vez la suerte le jugó en contra, la taba cayó de poto. Tuvo suerte, oportunidad le dicen algunos, cuando su voto en contra de la 125, allá cuando votó a favor de los productores rurales y en contra del Poder Ejecutivo, debería decir de su Poder Ejecutivo, porque hasta entonces era el compañero de fórmula de Cristina. Todavía había pegados a las paredes afiches promocionando Cristina, Cobos y vos. Pues, de los tres, Cobos se bajó del afiche y se transformó en el primer vicepresidente opositor al presidente de la historia argentina. Ocurrió después la muerte de Alfonsín, y la responsabilidad de Cobos en la despedida institucional. Y a mucha gente le gustó el gesto de Cobos. Los del gobierno decían, entre otras cosas no televisivas, que Cobos era un traidor, pero varios argentinos y argentinas aplaudían con exageradas palmas la actitud discordante del vicepresidente. Y subió en las encuestas, y se posicionó como una alternativa posible a la presidencia. El radicalismo, que también lo había acusado de traidor, lo destraicionó, le quitó la sentencia y volvió a recibirlo con los brazos abiertos, como ese hijo pródigo que se alejó un poco del seno materno y luego volvió a ensenarse, luciendo otra vez la boina blanca. Pero lentamente, día a día, su imagen se fue desdibujando. Y muchos de los mismos que habían aplaudido sus osadías comenzaron a decir: “¿Qué hace ahí?”, “¿qué busca con su permanencia?”. “Esto ya no es una postura política, es una tozudez. ¿Por qué cuernos no renuncia?” La muerte de Néstor lo afectó duramente. Como dije al comienzo: la taba le cayó de poto. Muchos lo trataron como si él hubiese sido el culpable, por supuesto que no lo es, pero, a la hora de cantar, el que no salta es… lo de inglés no funcaba bien, entonces… el que no salta es de Cobos. Yo no manejo encuestas, yo no manejo nada, porque ni auto tengo, pero leo, me informo todos los días, y las cifras de ahora lo tienen como a Independiente Rivadavia, peleando por no entrar en la promoción. Cuando fue demasiado fácil la subida, suele ser dura la caída. A veces Cristina gobierna por decreto, ahora parece que lo hace por de Cleto. Sin necesidad ni urgencia.