Buenos días, a pesar de todo. Hay cosas que nos cuestan mucho, por ejemplo, nos cuesta tener suegra, nos cuesta bañarnos en invierno, nos cuesta lustrarnos los zapatos y nos cuesta vivir con un sueldo (con un sueldo, uno al menos se puede mantener… delgado), nos cuesta sacar la basura a tiempo y nos cuesta cumplir las normas. Una norma, aparte de una mujer, como por ejemplo la Aleandro, también es una regla general sobre la manera en que se debe obrar o hacer una cosa. Se supone que una norma apunta al beneficio de todos. Por ejemplo, las de tránsito. Se supone que han sido establecidas para que los vehículos circulen con cierto orden, con cierta fluidez, con cierta seguridad.

Hay una palabrita que caracteriza el comportamiento de los mendocinos al respecto: anomia. Anomia es el estado de una sociedad caracterizado por la desintegración de las normas que aseguran el orden social. Somos anomios los mendocinos. Recuerdo que, hace un tiempito, la Muni de la Capital inventó un eslogan que rezaba: “Tránsito es respeto”. De ser cierto, deberemos reconocer que somos unos irrespetuosos incorregibles. Llegamos a darnos miedo de nosotros mismos.

Hay una poesía que habla del asunto y dice: Y para colmo de males/ cruzar la calle me alarma/ mi cuerpito no se larga/ ni en las sendas peatonales/ los autos son animales/ desbocados y matones/ si pa’ morir hay razones/ yo prefiero fenecer/ en brazos de la vejez/ que en ruedas de Firestone. Me decía mi gran amigo el sociólogo Pepe Nosabe Nocontesta, que, a lo mejor, yo estoy equivocado. Que no es que los mendocinos no cumplamos las normas de tránsito, sino que las normas de tránsito para mendocinos están mal hechas. Y él proponía adecuar las reglas a nuestra conducta con este tipo de normas: En una esquina la prioridad de paso la tiene el que viene por la derequierda.

La culpa siempre la tiene el otro, salvo que el otro sea uno. El peatón siempre tiene prioridad, salvo que ande caminando. Los inspectores municipales están sólo para hacer multas. Si podés meterte por la derecha, metele. Poné la luz de giro cuando ya hayas doblado. Las sendas peatonales existen para que los peatones puedan ser atropellados mucho más ordenadamente. En una rotonda entra quien quiere y sale quien puede. Si uno cruza en rojo un semáforo, la culpa es del semáforo que no cambió a tiempo.

Los vehículos que anden despacio deben conservar la izquierda. El disco pare existe para que detengan la marcha los autos que vienen detrás del nuestro. Mientras nadie lo vea doblar a la izquierda en una avenida, está totalmente permitido. La que es una casquibana, descocada y sexy es la madre del conductor del vehículo de al lado. Todavía no sabemos para qué cuernos los autos tienen balizas luminosas. El cinturón de seguridad debe colocarse inmediatamente después del quiñe. No creo que con estas normas el tránsito ande mejor, pero tal vez nosotros nos sentiríamos más adaptados, mejor de conciencia. ¿No le parece?