En la práctica, se crearía un dirigible relleno de helio, recubierto de fibra de carbono y con cuatro propulsores que se moverían con la energía solar y dependiente de las indicaciones de un control remoto, por el cual se movería en concordancia con el sol para tapar los rayos que provocan temperaturas de hasta 50 grados.
La propuesta es en principio suficiente y, sobre todo, fastuosa, pero tiene sus detractores, como Francisco Javier Neila González, especializado en arquitectura bioclimática: “Las cámaras de televisión y los propios deportistas tendrían problemas para adaptarse a los cambios de luminosidad si el escudo no tapa por completo el estadio”, argumentó, en una nota publicada por el sitio español ABC.es.
Otros, por su parte, se preguntan qué pasaría si por medio de los propulsores el dirigible generara corrientes de aire que cambiasen la dirección de la pelota, ante lo que proponen recurrir a los clásicos techos retráctiles. La propuesta, pese a todo, está en estudio.
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