Buenos días, a pesar de todo. Como lo hemos dicho alguna vez, somos parte del Collasuyo, el camino del sur del Tahuantisuyo, el camino del inca. Yo lo he visto con estos humildes ojitos con que me dotó la naturaleza. Es impresionante ver sobre el terreno de la estancia San Alberto, en Uspallata, el sendero que hicieron aquellos pasos de hace cientos de años. Es muy emotivo quedarse unos minutos a descansar entre las piedras y los recuerdos en las ruinas de Tambillos, Ranchillos o lo que Rusconi llamó Ciudad de los Césares. Todavía, los mendocinos tenemos que aprender a valorar lo que eso significa, somos parte de un camino que ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad. Y, como no lo apreciamos, no lo conocemos: aún tenemos muchas preguntas para hacernos e intentar respondernos. Yo tengo varias. Voy a mostrar una ¿Qué hacían los quechuas por estos valles del sur? ¿Qué buscaban? La Mendoza de entonces era poco menos que un páramo y pocos frutos de la tierra podía ofrecer. Entonces, seguramente, tributo no buscaban. ¿Buscaban minerales de las montañas de estas latitudes? ¿Para qué? Si tenían minerales para tirar para arriba –oro, plata, estaño, plomo– en las alturas de Potosí. ¿Buscaban ampliar su territorio? No lo creo, no había verde ni fertilidad en el Cuyum Mapu, País de las Arenas. Lo único valioso era el espacio. Tal vez, la Leyenda de Puente del Inca nos pueda acercar una respuesta. El hijo del inca estaba enfermo, muy enfermo, la muerte lo acechaba. Los amautas del imperio dieron su parecer. Sólo las milagrosas aguas del sur podían curarlo. La caravana fue numerosa y se hicieron largos los meses hasta llegar al lugar. Cuando vieron las fuentes de la salvación, un impetuoso y encañonado río se les presentaba como obstáculo para alcanzarlas. Los de la comitiva rezaron a Inti y Quilla, sus dioses, el Sol y la Luna. Y de noche, una noche, mientras dormían, Inti extendió un brazo de roca sobre el río. Entonces pudieron curar el mal del hijo del inca. Ese río es nuestro río Cuevas, y ese brazo de piedra nuestro Puente del Inca. Entonces, comienzo a responder la pregunta que antes hice. Tal vez, el pueblo del inca buscaba en estos lares salud, curación, remedio a sus enfermedades. El Collasuyo, el camino del inca de nuestra zona, viene de las termas de Calingasta, pasa cerca de las termas de Cacheuta, después, las de Puente del Inca y, cuando sube otra vez hacia el Cuzco, del lado chileno, se encuentra con las termas del Valle del Elqui, y las Tatio y el Plomo más al norte. ¿Sabían ellos, apreciaban ellos lo que nosotros no sabemos ni apreciamos? Quizás, deberíamos aprender de esta enseñanza del pasado y darles a nuestras aguas de salud la importancia que se merecen. Yo he sumergido este cuerpito lleno de adiposidades en las bienhechoras vertientes de Puente del Inca, las he disfrutado y me he sentido muy bien. A lo mejor, Mendoza, que está diciendo lo suyo en torno al paisaje, en torno a la historia, en torno a los brindis, tenga mucho que decir en torno a los manantiales de la salud.