Buenos días, a pesar de todo. Una vez escuché una disertación sobre política de un gran filósofo de Groenlandia, el doctor Modesto Trozo. En ella dijo que “todo gobernante sabio debe tener cerca un funcionario irritante, de tal forma que las críticas, insultos y protestas de la gente vayan a él”, y no lo alcancen al gobernante sabio. A veces me da la impresión de que Cristina escuchó la misma conferencia y lo nombró a Moreno en el puesto del funcionario irritante. Porque de no ser esta su estrategia, no se entiende cómo mantiene en su puesto a una persona que es tan cuestionada, por los contras del gobierno y hasta por sus adictos, aunque los adictos digan lo suyo off de record. Moreno ha sido el centro de la atención desde hace mucho tiempo y se ha caracterizado por su carácter fuerte, confrontante, frontal, fabricante de exabruptos. No me gusta Moreno, como dice Serrat “entre ese tipo y yo hay algo personal”. Antes de ayer, los caceroleros fueron a cacerolear al domicilio de Moreno. Portaban varias pancartas que no la trataban bien a la madre del funcionario, equivocadamente, porque no tengo datos de que la madre de Moreno tenga la vida licenciosa que le endilgaban los carteles. Otros insultaban abiertamente al señor y algunos lo amenazaban. Dicen, yo no lo vi, que en uno se mostraba una foto de Moreno con una herida de bala en la frente. Paren la mano, chicos, están orinando a varios metros del tarro. Una cosa es la libertad de expresión y otra cosa es la amenaza, el deseo de muerte, las ganas de acallar a aquel que piensa de otra forma. ¿Se olvidaron ya cómo terminó nuestro país por pagar la libertad de pensamiento con la represión y la muerte? Paren la mano, ejerzan vuestro derecho a protestar, pero no tienen derecho a profanar, y menos a prostibular, o sea a transformar el país en un prostíbulo. Paren la mano, porque le están haciendo daño a lo que primero de todo debemos defender: la democracia. Ahora vamos al otro lado, cuando Moreno se enteró de la protesta en su vecindario estaba dando un discurso en otro lugar y, entonces, (cuando yo le diga “ahora, señora”, tápele las orejas a su hija /o), dijo Moreno: “Que se metan las cacerolas en (ahora, señora) el orto (ya puede sacarle las manos al culillo)”. Ah, muy bonita forma de hablar de un funcionario del Gobierno ¿Con esa boquita decís te quiero, Moreno? Menos mal que no estás en el Ministerio de Educación, si no, tendrías que ir mañana a trabajar acompañado por tus padres. Por si no lo sabe, don Moreno, hay otras formas de decir lo mismo sin abandonar su indignación, por ejemplo, cola, siete, tuje, ano, trasero, ocote, hoyo, o el que usamos los mendocinos, poto, que es mucho más suave, el poto es como un culo de peluche, como un culo tiernizado. Pero lo que usted dijo, don Moreno, es más ordinario que chiclet de ajo. No siga así mi amigo, porque la gente va a desear que a usted las cosas le vayan para el… ¿Como es que dijo usted? No siga diciendo esas cosas porque lo va a repudiar el cien por ciento de los argentinos, bueno, según el Indek, el quince por ciento.