Debo reconocer que antes de venir estaba muy preocupada por el frío.

¿Se me va a congelar el pelo en invierno? ¿Cuántos pares de media debo llevar?
Pero con el poquito tiempo que llevo aquí ya entendí que la cuestión central en cuanto al clima no es la temperatura, sino la luz. Más específicamente, la luz del sol.

Ahora bien, cuando el verano está terminando, hay muchas horas de luz.

De hecho, en toda Escandinavia es muy popular festejar el solsticio de verano el 21 de junio. Se celebra con una fiesta, ya que en el hemisferio norte el sol directamente no se pone ese día, y así resulta que toda la noche es luminosa.

Cuando el verano está por terminar, si uno camina por la ciudad verá las plazas y parques están repletas de personas tomando sol. Pero no para broncearce; pareciera que quieren guardarse un poquito de su enerqía. Realmente los suecos me resultaron unos fanáticos del sol, y los miraba raro mientras ellos centraban su vista en el cielo. Ahora creo comprenderlos.

Muchos parques y plazas incluso cuentan con sillitas reclinables para seguirr la orientación solar.

Luego, con la llegada del otoño, como hay tanto verde en la ciudad, lo más lindo es ver cómo cambian los colores del los árboles.

Amarillos,cobres, colorados. Hay una semana de intensidad antes de que las hojas comiencen a caer, con una colorida mutación que es realmente inspiradora.

Pero otra vez, el tema central en el otoño no son los colores, tampoco la temperatura -ya es imposible salir sin campera y bufanda-, sino que las horas de luz se van reduciendo rápidamente.

Si hace un mes oscurecía a las siete de la tarde, hoy ya es de noche a las cuatro!

Juro que no exagero.

Dicen que por este motivo los suecos se esmeran tanto con el espacio interior.

Las casas utilizan todo tipo de veladores, y luces cálidas, poca luz central, y la decoración con velas es muy popular. Se pueden ver a través de las ventanas, o en la entrada de las casas, todo tipo de velitas, que además ofrecen en todos los negocios.

Todo sea por buscar la calidez que se va con el verano, y preparar un ambiente ameno frente a la oscuridad creciente que trae de la mano el invierno.

Lo bueno de las pocas horas de luz es que también prometen un tiempo obligado de reflexión, porque aunque uno no quiera se mimetiza un poco con el clima. Por lo tanto, creo que serán tiempos para volverse más introspectivo; para mí será leer, dibujar y sobre todo escribir en el blog, para contarles cómo me sigue sorpendiendo esta ciudad, que a pesar de la oscuridad temprana, sigue siendo encantadora con sus velas y luces encendidas.