El lunes en cadena nacional, la presidenta Cristina Fernández se jactó de que Argentina es el país que más consume gaseosa, basada en un estudio realizado por una consultora internacional en 2012. Esta declaración la hizo en el marco de la inauguración de la ampliación de un centro de distribución de una conocida embotelladora. Pero sus declaraciones no causaron gracia a los trabajadores de la salud.
Los médicos y nutricionistas aseguran que enorgullecerse de algo así es ir a contramano del mundo, ya que en todos los países se realizan campañas para disminuir su consumo. Incluso, en Nueva York, el año pasado, se sacó una ordenanza a través de la cual se prohíbe la venta de este tipo de refrescos en grandes tamaños.
“Las declaraciones de la presidenta la vamos a dejar de lado porque, oficialmente, no hay cifras del consumo de gaseosas ni en el país ni en la provincia. Sí sabemos que el consumo es alto pero tenemos que aclarar que las gaseosas son calorías vacías, que no son buenas para la salud y no hay un mínimo de consumo recomendable”, dijo Alejandra Moor, doctora en Nutrición y titular de la Dirección de Higiene de los Alimentos del Ministerio de Salud de Mendoza.
Y explicó que, tanto las gaseosas de marcas conocidas mundialmente como las locales, no son saludables en igual medida, porque los ingredientes que tienen no aportan ningún tipo de nutrientes ni vitaminas. “Tomar un jugo natural envasado puede ser una mejor opción, son más económicos y contienen vitamina C. Pero las gaseosas, bajo ningún punto de vista, son recomendables para la alimentación ni de grande ni de chicos. Además, son caras y por la mitad de su precio uno puede comprar una docena de naranjas y hacerse un rico jugo”, enfatizó la profesional.

Contribuyen a la obesidad
La Fundación Interamericana del Corazón Argentina comunicó a ElSol.com.ar que sondeos o estadísticas realizadas en el país en cuanto a consumo de gaseosas no hay, y que esa institución realizó una investigación sobre 184 bebidas azucaradas con el objetivo de conocer el contenido de azúcar en cada una de ellas.
El dato más relevante corresponde a las gaseosas: una botella de 600ml aporta en promedio 65 gramos de azúcar, que equivalen a 13 cucharaditas de azúcar. Así, sólo con el consumo de una botella de 600, una persona supera ampliamente la cantidad de azúcar agregada recomendada por día por los profesionales de la salud.
“Las gaseosas son alimentos de bajo valor nutricional, que aportan enormes e innecesarias cantidades de azúcar a la dieta. Argentina está entre los primeros puestos de consumo de gaseosas en el mundo, situación que contribuye a empeorar la creciente epidemia de obesidad en niños y adultos que se observa en nuestro país”, explicaron desde la FIC Argentina, y alentaron a “promover políticas públicas que reduzcan el consumo de bebidas azucaradas y otras fuentes de azúcar agregada, y garanticen el acceso al agua potable y gratuita, para reducir el dramático impacto que el azúcar genera en los índices de obesidad, diabetes y enfermedades del corazón”.
La gaseosa en el cuerpo
Según el sitio sobre nutrición Nutrition Research cuando una persona consume una gaseosa cola, las consecuencias en la primera hora son:
- Dentro de los 10 primeros minutos: 10 cucharaditas de azúcar llegan al sistema. Esto representa el 100 por ciento de su consumo diario recomendado, y la única razón por la cual la persona no vomita como resultado del alto contenido de azúcar, es a causa de que el ácido fosfórico elimina el sabor.
- Dentro de los 20 minutos: los niveles de azúcar en la sangre se disparan, y el hígado responde a la explosión de insulina al convertir las grandes cantidades de azúcar en grasa.
- Dentro de los 40 minutos: se completa el consumo de cafeína; las pupilas se dilatan, la presión arterial se dispara y el hígado arroja más azúcar a al torrente sanguíneo.
- Alrededor de 45 minutos: el cuerpo aumenta la producción de dopamina, la cual estimula los centros placenteros del cerebro, una respuesta física idéntica a la heroína.
- Después de los 60 minutos: la persona enfrentara una disminución de azúcar en la sangre.
