Tiene 37 años, nació en Tucumán y nunca imaginó que Lionel Messi le iba a mandar un Whatsapp parahoras de que pedirle un turno. A unas horas de que Messi se enfunde los colores de la albiceleste y busque el pase a la final en la Copa América, Roberto López contó su relación con el delantero de la Selección Argentina.
“Hola, soy Leo. ¿Cómo estás?”. Un mensaje de whatsapp que el tucumano tomó como una mala broma. El mensaje se repitió varias veces y López comenzaba a enfadarse. No pensaba contestar, así le dijeran que se trataba “del mismísimo Obama”.
Unas semanas después, Roberto aborda en Buenos Aires un avión que lo llevará hasta Barcelona. Trae en el celular otros mensajes: el nombre de Lionel Messi, la idea de tatuarle en el brazo derecho la historia de su vida (La Sagrada Familia, un reloj, una flor de loto y un rosario con la forma de la ciudad en donde nació La Pulga).
“Todo ocurrió tan rápido y en secreto”, explica Roberto López Tatto desde Mar del Plata. A Roberto le ha beneficiado que en donde Messi se aparezca de inmediato sobresale ese enorme tatuaje que lleva en el brazo derecho. Le ha generado decenas de entrevistas internacionales y muchos son los que quieren tatuarse con el hombre que dibujó historias en la piel de Leo.
Roberto repite la anécdota: “Leo y yo tenemos un amigo en común, se llama Juan Cruz Leguizamón y es portero de Central Córdoba. Ellos se conocieron desde que eran pibes y jugaban la categoría de seis años en Newell’s. Juan, tatuado por mí, le recomendó a Leo que se tatuara conmigo. Le dio mi número telefónico. De hecho, Juan tuvo que llamarme para decirme que le contestara los mensajes a Leo, que era el Messi de verdad”.
Cuando se le pregunta a Roberto López Tatto cómo es que llegó hasta Messi, retrocede al día que llegó a su estudio un joven argentino de cabellos largos llamado Cristian Campestrini. “Le hice tatuajes en ambos brazos y al poco tiempo volvió y me trajo un regalo. No sabía que era uno de los grandes porteros del futbol argentino (acaba de ser contratado para jugar con el Puebla). No haberlo reconocido relata mi ignorancia sobre el balompié”.

Cristian lo recomendó con otro jugador y éste a otro. Poco a poco el estudio en Mar del Plata comenzó a ser el lugar para que los futbolistas se tatuaran el cuerpo. Así llegaron Martín Palermo y Juan Cruz. Hasta el día aquel que Leo se asomó en su celular.
Roberto comenta que viajó a Barcelona en dos ocasiones. “Leo me explicó la idea que tenía para su tatuaje. Yo me encargué de buscar las imágenes, según lo que él me comentó. Leo investigó muy bien el significado de cada una de las imágenes antes de tatuarse. ¿Cuánto me pagó por tatuarlo?, eso deberías preguntárselo a Messi”.
Todo corrió por cuenta de Leo: los boletos de avión, el hotel, los alimentos… “Cada sesión duró cinco horas y en total fueron 25. Leo pasó por mí al aeropuerto de Barcelona y me ayudó con la maleta que llevaba las herramientas para los tatuajes”.
Roberto estuvo en la casa de Messi. Ahí se realizaron las 25 horas de trabajo. Y, aunque le dijo a Lionel que no hablaría de lo que vio o escuchó aquellas tardes (“su vida social es privada y la respeto”), el tatuador califica al futbolista como una persona sencilla y “con gran sentido del humor”.
La última sorpresa que se llevó López en Barcelona fue en la sesión final, cuando Lionel Messi le pidió un favor enorme: “Che, ¿te jodés si te pido un tatuaje para Neymar?”


Leé aquí la entrevista completa al tucumano.
