Durante 17 años, la escritora británica Joanne Rowling (31 de julio de 1965) recreó en su mente un universo paralelo al terrenal. El conjunto de personajes y paisajes casi míticos de la saga de Harry Potter nacieron y crecieron de una forma tan natural, que en la actualidad siguen vivos en la imaginación de miles de jóvenes de diferentes partes del mundo.
Potter, y quizás también J. K. Rowling, declaró la magia como un legado de sus antepasados, una fuerza interna y personal capaz de luchar contra la vida mortal: frágil, ambiciosa, restrictiva, sentimental, sagaz, simple, compleja, colectiva e individual.
La saga plantea una eterna dualidad, rodeada de dilemas personales y morales, que define a una nueva generación de jóvenes (magos), principalmente, y experimenta la llegada de un heredero con intensos poderes; un héroe de valentías y miedos; una leyenda que lleva tatuada en su frente el testimonio de su pasado.
Mucho antes de que Potter (personificado por el actor Daniel Radcliffe) se volviera el ídolo del momento, su nombre descansaba en el anonimato, en la imaginación de su autora, quien durante seis años puso en marcha una fábrica creativa sin ninguna otra certeza, más que su escritura.
La historia del aprendiz de mago, como bien lo ha dicho Rowling, nació durante un viaje de tren entre Manchester y la estación de King’s Cross, en Londres, Inglaterra. Allí, por la década del noventa vivió su juventud con las comodidades básicas, mientras trabajó como investigadora para Amnistía Internacional.
“Jo”, su primer apodo
Al comenzar su primer libro, “Jo”, su apodo desde pequeña, sufrió situaciones personales de gran complejidad y dolor. En diciembre de 1990, su madre falleció luego de sortear una larga batalla contra la esclerosis múltiple. Ese sentimiento de pérdida, ha reconocido la autora, lo plasmó con mayor fuerza en la memoria de ese Harry huérfano que comenzaba a descubrir su verdadero pasado.
Cuando la historia todavía no había tocado el punto final, Rowling, quien se había licenciado en Filología francesa, en la prestigiosa Universidad de Exeter, Reino Unido, se mudó a Oporto, Portugal, para trabajar como profesora de inglés. Allí se casó con el periodista Jorge Arantes, con quien tuvo su primera hija, llamada Jessica Isabel Rowling. Pocos meses después, la relación de la pareja entró en crisis, lo que motivó su separación.
Rowling se mudó a Edimburgo, Escocia, donde sobrevivió en medio de una crisis económica. Esto, sumado a los problemas personales que la aquejaban, la llevó a considerar el suicidio.
“Mi hija –confesó hace uno años en una entrevista– fue quien me conectó a la tierra. Pensé, esto no puede estar bien, ella no puede crecer conmigo en este estado”.
Fue así como Jessica la llenó de fuerzas y razones para continuar con el manuscrito. Las tiendas de café, se convirtieron, entonces, en los escenarios de fondo de una escena que repitió casi a diario, por más dos años: ella, sentada en frente de su máquina de escribir, sin más detalles que una taza y un coche a su lado. Allí, acomodada a su hija para que durmiera la siesta, mientras se internaba de nuevo en el relato.
El libro, sin embargo, pasó por más de diez editoriales, antes de ver la luz. Fue una niña de ocho años, Alice Newton, quien le dio el sí definitivo a su obra. El presidente de la editorial británica Bloomsbury Publishing, Nigel Newton, reveló en una entrevista televisiva, que la pequeña, su hija, le dijo que lo que tenía en sus manos era bueno, era “mejor que cualquier cosa”.
Poco después, en junio de 1997, “Harry Potter y la piedra filosofal” salió a la venta. A partir de ahí, Rowling comenzó una larga travesía literaria por el mundo de los hechizos, bajo el seudónimo de J. K. Rowling. Este nombre, contaría la escritora posteriormente, nació por una petición del editor quien no creía que los niños fueran a leer a una mujer. Una vez descubierta, explicó que la “K” era por “Kathleen”, el nombre de su abuela paterna.
Todavía sin predecir el alucinante fenómeno literario en el que se convertiría su libro y con la intención de seguir escribiendo, Rowling se inscribió en una beca que ofrecía el Consejo Escocés de las Artes. Esto, le permitiría solventar sus necesidades económicas unos meses más y sacar adelante su próximo título.
Pero sucedió lo impensable. La editorial estadounidense Scholastic Inc. compró los derechos de la novela por más 100.000 dólares. Una realidad que cambió por completo el futuro, tanto de Bloomsbury como de ella. Al siguiente año, el libro se convirtió en un objeto casi de lujo, en tanto que las 500 primeras copias originales se valorizaron en más de 20.000 dólares.
Harry Potter, entonces, se transformó en un “boom” editorial y su autora en un referente, a veces polémico, de la literatura juvenil contemporánea. “La piedra filosofal”, traducido a más de 60 idiomas, ha recibido múltiples reconocimientos, entre los que destacan el Premio del Libro Británico (1997) en la categoría infantil, y el Premio al Mejor Libro Infantil (1998).
En medio de esta ola de éxitos, Rowling publicó su segunda novela, titulada “Harry Potter y la cámara secreta” (1998). La obra atrajo a más lectores que agotaron todos los ejemplares.
En diciembre de 1999, la autora británica, que ya amasaba una fortuna, lanzó su tercera obra, llamada “Harry Potter y el prisionero de Azkaban”, con la que volvió a ganar el Premio a Mejor Libro Infantil, el Premio Costa y el Premio Bram Stoker.
Un cambio en su vida personal
Pocos meses después, publicó en Estados Unidos y el Reino Unido su cuarta obra, “Harry Potter y el cáliz de fuego”. El comienzo de siglo auguró una época memorable para la autora, tanto en su camino profesional, como en su vida personal. Después de varios años de ser una madre soltera, Rowling comenzó una nueva relación sentimental. Fue así como a finales de 2001, se casó con el anestesista Neil Michael Murray.
Meses después nació su segundo hijo, David Gordon Rowling. Y en medio de las nuevas labores de madre, publicó el quinto libro de la serie, “Harry Potter y la Orden del Fenix”. Para ese momento, aseguró su autora, ya se sentía agotada, “sin tiempo, ni energía”.
En el 2005, junto a la llegada de su tercera hija, Mackenzie Jean Rowling Murray, la escritora catalogada por Forbes como una de las celebridades más poderosas (se estima que su riqueza tiene un valor neto de mil millones de dólares), sacó a la venta “Harry Potter y el misterio del príncipe”.
Este libro, al igual que los anteriores, batió récord. Sólo durante las primeras horas vendió nueve millones de copias. En el 2006, llegó a las estanterías el séptimo y último libro, “Harry Potter y las reliquias de la muerte”, el cual se agotó, siguiendo la tradición, a las pocas horas de haber salido al mercado.
La exitosa saga no para de expandirse. Hoy, Harry Potter es una famosa marca que vende, sobre todo, entretenimiento. El cine y la literatura, no obstante, han hecho de esta historia un hito sin precedentes. Además de los siete títulos, Rowling escribió tres suplementos que profundizan en los detalles de este dinámico universo de hechiceros. Suyos son: “Animales fantásticos y dónde encontrarlos” (2001), “Quidditch a través de los tiempos” (2001) y “Los cuentos de Beedle el bardo” (2008).
La etapa posterior de la afamada escritora británica se ha encaminado hacia otros géneros literarios y el arte, en general. En el 2012, publicó su primera obra para adultos, titulada “Una vacante imprevista”, que recibió atractivas críticas por parte de sus seguidores.
Rowling, sin temor a arriesgar, le ha dado un giro a su narrativa. Robert Galbraith es el nuevo seudónimo con el que da vida a una serie de novelas negras que comienzan con “El canto del cuco” (2013), continúan con “El gusano de seda” (2014) y terminan con “Career of Evil” (en español “Carrera del Mal”), que desarrolla una trama de suspenso protagonizada por el detective Cormoran Strike y su ayudante Robin Ellacott. Este saldrá a la venta el próximo 20 de octubre.
La inmensa cosecha de logros que aúna Rowling en el presente, ha sido, también, reconocida con varios premios entre los que sobresalen el de Escritora del año y premio honorífico a toda una carrera, British Book Awards (1999 y 2008); Escritora del año de la Booksellers Association (1998 y 1999); Orden del Imperio Británico (OBE) (2001); Premio de ficción de W.H. Smith, (2004) y Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, España, (2003).
La autora británica ha hecho un profundo aporte a la cultura y, en simultáneo, a la sociedad. Gran cantidad de su riqueza y vocación la destina a obras benéficas que trabajan para ofrecer diferentes servicios en el campo de la salud y la educación, así como para apoyar a personas que pasan por situaciones de riesgo.
Lumos, Anne Rowling Regenerative Neourology Clinic, Gingerbread y Volant son solo algunas de las entidades benéficas que patrocina la autora de Harry Potter, una mujer decidida a encantar al público con sus maravillosos pensamientos y reavivar en los jóvenes ese gusto universal y apasionante por la lectura. Ese que ella sintió prematuramente a los seis años, cuando terminó su primer cuento.
