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27 de octubre de 2009
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EDUCACIÓN

Ya hay casos de chicos que estudian en su casa por fobia escolar

Llorar apretando la mano de la mamá ante la inmensa puerta de la escuela puede ser una imagen común de cualquier niño que no se adapta al sistema. Sin embargo, cuando la historia se repite en forma crónica, puede ser indicador de un problema más grave, conocido como fobia escolar, es decir, el temor casi irracional del chico de asistir al colegio.

    Llorar apretando la mano de la mamá ante la inmensa puerta de la escuela puede ser una imagen común de cualquier niño que no se adapta al sistema. Sin embargo, cuando la historia se repite en forma crónica, puede ser indicador de un problema más grave, conocido como fobia escolar, es decir, el temor casi irracional del chico de asistir al colegio. Lo más preocupante es que hay alumnos que viven durante años en esta clima escolar desfavorable, y que, con el tiempo, pueden provocar episodios como el del alumno de Maipú, que llevó un arma a la escuela para terminar con las burlas de sus compañeros. Otra escena común, que en algunos casos puede ser la señal de alerta de que las cosas no están bien en el ámbito escolar del niño, es la manifestación física de la angustia, que se traduce en dolor de panza, arcadas, náuseas y hasta vómitos que le impiden ir a la escuela. La titular de Educación Especial de la Dirección General de Escuelas, Silvia Cerutti, quien tiene a su cargo el área de escuela domiciliaria, confirmó que, de los 50 niños que cursan en sus casas, ya hay casos que presentan este tipo de trastornos.
MOTIVOS. Para la directora, muchos de estas situaciones ocurren porque el niño padece una situación familiar compleja, que finalmente termina repercutiendo en la escuela. Tampoco se puede desconocer, y la funcionaria así lo considera, que el incremento de la violencia escolar y el “bullying” o acoso, (ver aparte) son fenómenos que van en aumento y que terminan creando un clima al que no todos los chicos pueden adaptarse. Sin embargo, no cualquier niño que presenta este tipo de problemáticas puede pedir estudiar en casa. Cerutti explicó que este servicio puede solicitarse sólo a través de un certificado médico, expedido por un especialista, o bien por una orden judicial. Además, explicó que la escuela domiciliaria es transitoria, los chicos llegan a esta instancia por derivación y, luego de superado el problema vuelven a cursar normalmente en sus escuelas de origen.
CÓMO FUNCIONA. En el sistema de escuela domiciliaria trabajan 19 docentes, además de un psicólogo, que atiende casos especiales, y un trabajador social. El chico, como se dijo anteriormente, ingresa por derivación médica o judicial y permanece por el tiempo que el médico así lo indique, pero debe estar en tratamiento para superar la problemática. En cuanto a la forma de seguir con su educación, lo que la maestra domiciliaria hace es contactar a la docente de la escuela a la que asistía el chico y continuar con el programa de estudios. La maestra domiciliaria también realiza informes, que envía a la escuela común. Según la directora de Educación Especial, se trata de mantener un contacto permanente entre la escuela domiciliaria y la de origen del chico.
ESPECIALISTAS. Para el psicopedagogo Alejandro Castro Santander, especialista en temas de convivencia escolar, la fobia a la escuela es el miedo irracional del chico, que se une con un dato de la realidad: probablemente el niño la esté pasando realmente mal en su ambiente educativo. Castro Santander explica que si el chico expresa que tiene miedo de asistir a clase, es un indicador grave que no puede pasarse por alto. También señaló que, en sus investigaciones sobre violencia escolar, de lo que los chicos más se quejan es de la violencia no percibida. “Hay que capacitar a los docentes para que no naturalicen el acoso que puede venir a través de las burlas y otro tipo de hostigamiento”, sentenció el profesional, y agregó que es muy común que esto ocurra en las escuelas. Una situación habitual, según explicó Castro Santander, es que algunos chicos que sufren las burlas y cargadas de otros simulen divertirse, porque si no, el acoso se profundiza y esto colabora a que la violencia se “disimule” aún más.
    Sostuvo, además, que ante este tipo de situaciones, el peor enemigo es el silencio. Hay que ponerle palabras a las situaciones difíciles e intervenir, ya que muchos de estos casos no pueden superarse sin la colaboración de un adulto (docente o preceptor). Para la psicóloga Nancy Caballero, muchos casos de fobia escolar devienen del acoso entre pares. Esto no se da como una explosión de agresividad instantánea, sino como un hostigamiento sostenido, que agobia al chico. Quizás este sea el motivo por el cual puede premeditar una represalia, y no actuar espontáneamente devolviendo la agresión con golpes, por ejemplo. El “bullying” va corrompiendo la autoestima, y la eclosión de esta historia de bromas pesadas puede terminar en una tragedia. Además, Caballero explicó que, detrás de un caso grave de “bullying”, siempre existe un pacto de silencio entre los escolares, porque el que habla queda como “el buchón” del grupo.
    Para la psicóloga, lo que conviene es trabajar el tema en el aula, logrando que los chicos diferencien el sentido del humor sano, de este tipo de burlas que implican que el asediado se tenga que reír también de sí mismo para que las gastadas no sean aún peores. “La víctima, en estos casos, puede convertirse de un momento a otro en victimario. No todos los chicos tienen la habilidad de afrontar el problema antes de que este se desborde”, opinó la profesional.

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