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26 de febrero de 2007
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XXXI VUELTA DE MENDOZA

XXXI VUELTA DE MENDOZA

El pedalista de General Alvear se quedó con el giro mendocino. Su trabajo fue de menor a mayor y en la montaña hizo diferencia.

   Las tribunas en la calle Lavalle de Rivadavia estaban sin un hueco, a pesar de que la temperatura pisaba los 40 grados. Había miles de gritos, aplausos. Era el escenario de una fiesta. Entre medio, aparecían fotógrafos para tomar ese mágico instante en el que llega el final de brazos en alto. El gobernador con la bandera a cuadros, los comisarios de la prueba atentos a sus relojes y bellas promotoras con paraguas. Por debajo de un arco inflable blanco, El Chueco Ignacio Ariel Gili soltó el manillar y cruzó la meta de 144 kilómetros que lo daba como el mejor de la 31ª edición de la Vuelta de Mendoza.

   Fueron puños apretados de felicidad, gente que lo llevó en andas, que le agradeció con ese simple afecto mientras coreaban su nombre. Fueron breves instantes que Gili, seguramente, guardará para siempre. El ciclista de General Alvear, tremendo trepador con estas bicis tradicionales y un tractorcito con la de mountain bike, saldó una deuda que tenía pendiente. Bajo un calor extenuante, el pedalista de Fratelli le volvió a dar a Mendoza un título de la que muchos definen como la más argentina de las vueltas.

   Y los secretos del Chueco fueron haber ido de menor a mayor. No fallar en la contrarreloj, hacer un buen tiempo allí y atacar entre medio de Los Andes, lugar donde sube y sube. Gracias a una etapa de montaña impecable que lo catapultó a los primeros lugares el sábado, Ignacio Gili ayer llegó entre el grupo de los fugados y terminó ganando la Vuelta con una buena diferencia.

   Sus rivales directos, faltando la última etapa, se fueron desmoronando por distintos motivos. El ruso Andrei Sartasov no pudo mantener el ritmo, varios de sus compañeros no corrieron ayer y no tuvo apoyo de equipo como para terminar bien la competencia, que el año pasado lo coronó subcampeón. El sanjuanino Oscar Villalobo, ganador en la etapa reina de la montaña, sufrió poco después de los 15 kilómetros porque cayó en una dura rodada y, a pesar de que se recuperó muy rápido, El Hijo del Viento tuvo algo de mala fortuna.

   Después de haberse caído, pinchó cuando promediaba la carrera y ya los demás se hicieron inalcanzables. Y Gerardo Fernández también quedaba fuera del pelotón que se escapó de los demás. Por eso es que, luego de la mitad del recorrido, comenzaba a sonar el nombre del Chueco Gili por Rivadavia. Muchos ya imaginaban que el título caería nuevamente en un mendocino, porque el último en ganar esta Vuelta había sido Gabriel Brizuela en el 2004. Y como los primeros escapados no aflojaron, las esperanzas comenzaron a concretarse. Los brasileños le pusieron ritmo y metieron el uno dos en la novena etapa Jeovane Oliveira y Adriano Martins, seguidos por Leonel Cuni de la Municipalidad de Guaymallén.

   Por eso, El Chueco Gili pasó la meta ya sabiendo que esta Vuelta estaba en sus manos. Los aplausos volvieron de nuevo para el ciclista de General Alvear, como también para Jairo Núñez de Maipú y para el sanjuanino Luciano Montivero, ganador de la Vuelta de San Juan. La Vuelta concluyó y fue una fiesta.

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