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29 de octubre de 2009
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Vuelta

La política es el arte de lo imposible. Si uno hiciera el seguimiento de los cambios, transformaciones, filiaciones, acuerdos, alianzas que se pactan en política, se daría cuenta que, al parecer, todo vale, que las confianzas de ayer pueden ser las desconfianzas de mañana, que los acuerdos pactados pueden llegar a ser desacuerdos futuros, que la amistad pregonada con fotos y declaraciones puede llegar a ser una enemistad insidiosa con fotos y declaraciones.

    La política es el arte de lo imposible. Si uno hiciera el seguimiento de los cambios, transformaciones, filiaciones, acuerdos, alianzas que se pactan en política, se daría cuenta que, al parecer, todo vale, que las confianzas de ayer pueden ser las desconfianzas de mañana, que los acuerdos pactados pueden llegar a ser desacuerdos futuros, que la amistad pregonada con fotos y declaraciones puede llegar a ser una enemistad insidiosa con fotos y declaraciones. El Cleto Cobos es un tipo al que le suceden cosas importantes.
    Tiene cara de yo no fui ¿vio? pero protagoniza hechos que lo proyectan. A ver, le tocó resolver el tema de la votación por las retenciones al campo y adquirió trascendencia nacional con su voto no positivo. Cuando murió Alfonsín y se produjo el sacudón emocional que se produjo y afectó a todo el país, Cristina no estaba, estaba de viaje para llegar tarde a alguna foto. Entonces, el Cleto asumió la responsabilidad de las honras fúnebres. Cuando murió Mercedes Sosa, produciendo un dolor nacional, fue velada en el Congreso, entonces el anfitrión fue el Cleto Cobos. Parece que el Cleto está en el lugar oportuno en el momento oportuno.
    Tal vez, por eso, su historia es una cadena de transgresiones. Iglesias lo metió al radicalismo, lo hizo candidato a gobernador y ganó. Después Cobos se alió con Kirchner y el radicalismo le dijo de todo –pero de todo, términos terminados en udo y en arió también– y lo echó del partido. Más tarde votó como votó en las retenciones y rompió lanzas con el Kirchnerismo. Entonces, el radicalismo, que le había dicho todos los udos y los arió, empezó a mirarlo con simpatía. Un poco más tarde ganó las elecciones en nuestra provincia en una alianza en la que también participaba el radicalismo que lo había vituperado.
    Y ahora, después de tanto enfrentamiento, declaraciones, detracciones, disputas y también sin dis, vuelve al radicalismo. ¿No me digan que la política no es algo volátil, cambiante, contradictorio? Los enemigos de ayer serán mis amigos en el mañana. Todo es posible. Es posible que algún día los veamos a Duhalde y a Kirchner juntos en un afiche. Todo es posible, menos, la felicidad del pueblo.

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