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9 de septiembre de 2006
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BOLIVIA

Violencia en el paro contra Morales

La huelga se realizó en cuatro de las regiones bolivianas consideradas ricas. Desde el Gobierno aseguraron que la medida fue un fracaso.

    La huelga, llevada a cabo ayer en cuatro departamentos bolivianos para exigir que el presidente Evo Morales respete la Constitución y las leyes, fue, según sus promotores, un éxito, pero, por contra, el Gobierno la consideró un fracaso. “Este paro, hasta en el ámbito político, es un rotundo fracaso”, dijo al mediodía la ministra de Gobierno (Interior), Alicia Muñoz. “El apoyo al paro es rotundo, masivo”, había indicado previamente el presidente del Comité Cívico de Santa Cruz, Germán Antelo.

    La ministra señaló que la huelga sólo funciona donde está “sustentada por grupos de jóvenes en estado de ebriedad, armados con palos, cadenas y armas cortantes”. En los lugares donde el tráfico está interrumpido es porque hay bloqueos de transportistas, “con total ausencia de la población civil”, agregó Muñoz. En cambio, los prefectos (gobernadores electos) y otros dirigentes de Santa Cruz, Tarija, Pando y Beni insistieron en que la huelga es casi total y denunciaron que los incidentes registrados ayer por la mañana se debieron a provocaciones de grupos pro gubernamentales.

VIOLENCIA. Los canales de televisión bolivianos mostraron calles vacías en las principales ciudades de esas regiones tropicales y también golpes, forcejeos y heridos entre partidarios de la huelga y del Gobierno. El prefecto de Santa Cruz, la región más próspera de Bolivia, Rubén Costas, acusó a Morales de “arrastrar al país a una espiral de violencia” y de imponer un régimen “totalitario”. “El paro nos afecta a nosotros mismos, pero lo hacemos en defensa de la democracia”, ante “la prepotencia y la soberbia” con que el oficialismo quiere imponer su mayoría en la Asamblea Constituyente, agregó Costas.

    “Sólo queremos que se restablezca el respeto a la legalidad. Buscamos el respeto a la constitución y las leyes”, indicó Antelo, presidente del Comité Cívico de Santa Cruz. El presidente Morales denunció que es una huelga racista contra el primer gobierno indígena de Bolivia. “Siento que es el odio y el desprecio al movimiento indígena y originario” lo que motiva la protesta, dijo el mandatario, que antes había llamado a los opositores asesinos, traidores, masacradores, vendepatrias y basura.

    La huelga afecta a dos tercios del territorio boliviano y un tercio de la población, en regiones gobernadas por opositores y que reclaman desde hace años más autonomía. Esos cuatro departamentos suman 42 por ciento del PIB nacional y tienen 85 por ciento de las reservas de hidrocarburos. Aparte de los choques entre partidarios de Morales y de la oposición, que dejaron un número no precisado de heridos, el incidente más grave ha sido el lanzamiento de dos bombas molotov contra la sede del Canal 7 de televisión, del Gobierno, en Santa Cruz.

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