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23 de mayo de 2007
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CASO GARCÍA BELSUNCE

Vigilador complica versión de la hermanastra de María Marta

El testigo afirmó que no vio llegar a Irene Hurtig y a su esposo ?apurados?, como habían argumentado, a la casa de los Belsunce.

    Un ex vigilador del country Carmel complicó ayer, en el juicio por el crimen de María Marta García Belsunce, la coartada de la hermanastra de la víctima, Irene Hurtig, y su esposo, Guillermo Bartoli, al asegurar que no los vio llegar ni salir corriendo de la casa en la que ocurrió el crimen. Se trata de Diego Rivero, uno de los custodios de la empresa Cazadores, que tenía asignada la vigilancia de la casa del polémico vecino Nicolás Pachelo, por decisión de las autoridades del club, las que lo tenían como sospechoso por una serie de robos.

   Rivero declaró ayer, ante el Tribunal Oral en lo Criminal 6 de San Isidro, que aquella tarde del 27 de octubre del 2002 llegó al Carmel a las 18.15 y que a las 18.45 tomó el puesto 5, que estaba ubicado en la esquina de la casa del médico Jorge González Zuelgaray, desde donde tenía una visión directa al domicilio de Pachelo. Luego de que Rivero explicara que escuchó los pedidos de una ambulancia por la radio porque María Marta se había golpeado la cabeza en la bañera, el fiscal Molina Pico le preguntó: “¿Vio llegar algún auto rápido o a alguna persona entrar o salir corriendo?”, y el testigo respondió que no.

    El fiscal apuntaba a los dichos de Bartoli y de su esposa, Irene. De acuerdo a lo que el primero declaró en la instrucción, al ser indagado por el encubrimiento, y ella en el juicio como testigo, ambos aseguraron haber llegado a la casa de Carrascosa muy rápido en sus autos, luego de que el viudo los llamara para avisarles que María Marta había sufrido un accidente. Además, Hurtig sostuvo que, apenas llegó a la casa de su media hermana, salió corriendo a buscar primero a un médico, luego a otro y, finalmente, al estudiante de medicina Diego Piazza.

    Según Molina Pico, si eso es cierto, el vigilador Rivero tuvo que haberlo observado desde el lugar en el que estaba parado, algo que hoy negó. Fuentes judiciales indicaron a Télam que la sospecha de Molina Pico, basada en el análisis de los horarios en que se hicieron varias llamadas telefónicas y los tiempos que se tardan en recorrer ciertas distancias, es que el matrimonio Bartoli miente y quizás estaba dentro de la casa antes de lo que dicen y pudieron haber tenido algún tipo de participación en el crimen.

    A preguntas de Molina Pico, Rivero también mencionó algo que le sirvió al fiscal al asegurar que, en otra modulación del handy, escuchó que “estaban llegando dos ambulancias y una no tenía que pasar”. Esto apoya la declaración de uno de los testigos clave del fiscal, el médico Santiago Biasi, de la empresa Emernort –había asegurado que pudo meter los dedos en los agujeros de la cabeza de María Marta y dijo que había que llamar a la policía–, quien afirmó que, al llegar a la guardia, los vigiladores demoraron su ingreso unos 20 minutos.

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