River empata ante San Lorenzo en el Monumental
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8 de noviembre de 2006
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Vecindad

A veces, la cercanía no implica conocimiento. En los edificios de propiedad horizontal, donde viven varias familias ocupando el mismo terreno, la diferencia está en la altura, pero la base es la misma. Uno está separado por una pared de treinta centímetros. Lo que debería ser una cercanía, no una lejanía

    A veces, la cercanía no implica conocimiento. En los edificios de propiedad horizontal, donde viven varias familias ocupando el mismo terreno, la diferencia está en la altura, pero la base es la misma. Uno está separado por una pared de treinta centímetros. Lo que debería ser una cercanía, no una lejanía. Treinta centímetros son apenas más que el largo de un ladrillo, o la longitud de una hoja A4. Treinta centímetros separan varias historias, si consideramos aquellos edificios con muchos vecinos. Los que seguramente tienen mucho en común pero no se conocen, no se intuyen.

    A veces, ni siquiera se conocen los nombres de sus protagonistas. El de al lado, el vecino, el cercano, no tiene nombre, tiene número y letra. El del quinto B, o el del tercero A. Entonces, el anonimato le gana la batalla a la buena vecindad, la indiferencia derrota a la solidaridad. Es increíble que uno esté tan lejos estando tan cerca. Escuchamos pasos, voces, gritos, peleas, pero no son señales de vida, son ruidos y, a veces, molestias. No somos vecinos, somos limítrofes, colindantes. Deberíamos, los que vivimos en tales condiciones, realizar algunas reuniones, pero no de consorcio, de convivientes, ni siquiera de buenos vecinos, tal vez de vecinos, no más. Deberíamos ser más que próximos, un poco más prójimos.

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