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5 de febrero de 2007
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MÚSICA / ESPECTÁCULOS

Una señora tonada

Se celebró en Tunuyán un festival destacado y de grandes dimensiones.

   Los veinticinco años de tonadas tuvieron un festejo más que merecido. Con un encuentro celebrado desde el miércoles hasta ayer, el departamento de Tunuyán reivindicó su festival en una seguidilla de noches que contemplaron lo mejor del folclore nacional, sin perder de vista la música cuyana. Una luna brillante que alumbró las extensas veladas, el clima que permitió un correcto desarrollo y la sincronizada organización hicieron posible que más de veinte mil almas por jornada confirmaran su presencia en un ciclo que promete cumplir muchos años más.

   Los festejos se pusieron en marcha el miércoles. Sin embargo, todo comenzó a tomar verdadero rumbo el jueves. Fue precisamente la bandera argentina, flameando en la mano de gauchos y paisanas locales, lo que sirvió de marco para que, tal como anunciaron los fuegos de artificio en el acto de apertura, Tunuyán comenzara a cantar. Un inicio de este modo vaticinó el éxito futuro.

   Regreso a la tonada, de la mano de la cálida voz del mendocino Javier Segura, y Póngale por las hileras, bajo el dominio del dúo que conformaron Abel Pintos y el local Sebastián Garay, fueron perfectas elecciones para concretar el saludo oficial a la gran ceremonia que se ponía en marcha.

FOLCLORE Y TALENTO JOVEN, BAJO EL REPARO DE LA SEGUNDA LUNA
. El jueves, en un anfiteatro iluminado por una luna candente, hizo su aparición Abel Pintos. Sabido es que los pronósticos no siempre están en lo cierto y derrotando cualquier especulación, este joven oriundo de Bahía Blanca dio todo y más sobre el escenario y se llevó su rédito. Prescindiendo de vestimenta tradicional y animándose a incorporar, pese a las críticas más ortodoxas, instrumentos de índole roquera (bajos o guitarra eléctrica), el músico hizo gala de su expresividad corporal y educada voz, a través de las cuales captó la atención del masivo público.

   Los allí presentes dijeron sí a un repertorio que incluyó una amplia gama de estilos (zamba, chacarera, melódicos, el cual tomó cuerpo en El beso, Lucero, Reflejo real, la aclamada Alelí y una movilizante Zamba para olvidarte. Puede afirmarse, sin vacilaciones, que las anteriormente citadas fueron excusas para que este gran artista (cuya madurez dejó atónitos a quienes tuvieron oportunidad de dialogar con él) invitara a un viaje de sentires y emociones a los que muchos accedieron casi sin conciencia.

    La entrega fue mutua. El otro plato fuerte de la noche fue la actuación de Los Nocheros, quienes enfrentaron el desafío de incursionar en las filas de la música cuyana con un ramillete de canciones del tipo de Virgen de la Carrodilla, Póngale por las hileras y Cochero e’plaza, un regalo por más preciado para estas bodas de plata.

LO MEJOR, PARA EL POSTRE. La encargada de abrir la tercera velada del festival fue Soledad, quien no se destacó por su original repertorio pero sí hizo gala de su carisma. Con una imagen renovada y sensual, que la aleja del poncho que la vio nacer, la artista oriunda de Arequito, acompañada de su hermana Natalia, repasó los éxitos de siempre, comenzando por Fiesta y desembocando en una seguidilla de clásicos como Tren del cielo.

    Luego de la actuación de Jorge y Pocho Sosa quienes, apelando a los clásicos de Cuyo, motivaron el calor de los espectadores, se presentó Jairo. El músico pisó suelo tunuyanino por primera vez. Prolijo, destacado y apuntando a un público selectivo, que le fue fiel en el transcurso de sus canciones, el cordobés viajó por el folclore (con un tributo a Atahualpa, por ejemplo) pero también se animó a empuñar su tono más gardeleano y alguna versión del dúo Piazzola-Ferrer.

   En medio de un silencio omnipresente, salió un Ave María cantado en francés y español, con el que Jairo dio su adiós. La coronación de este tercer encuentro se hizo esperar pero valió la pena aguardar su llegada. Cerca de las 4.30 de la madrugada, hizo su parición Sergio Galleguillo y Los Amigos, y Tunuyán se vistió de chaya riojana.

   A pesar de las bajas temperaturas y la disminución de espectadores, estos músicos supieron movilizar a un público que, al pie del escenario, desempuñó pañuelos, bailó y ovacionó a los riojanos. La fiesta se hizo larga y terminó pasadas las seis pero, sin reparos, fue el mejor final para una noche de lujo.

LA NOCHE DEL SÁBADO. Cerca de 30.000 personas asistieron a la penúltima noche del Festival de la Tonada, a la que asistieron Los Guaraníes (quienes vienen de ser figuras indiscutidas en los festivales de Jesús María y Cosquín y recibieron la consagración del público). Con un variado y completo repertorio basado en los distintos ritmos argentinos, tanto Daniel Campos como Nacho (sus principales vocalistas y líderes) volvieron a demostrar el buen caudal de voz que poseen, que los hace cultivar los distintos ritmos, desde una zamba o una chacarera hasta los corridos mexicanos tradicionales.

   Pero también fue la noche de Luciano Pereyra, quien llegó al festival con la premisa de mostrar sus nuevas canciones y logró una significativa comunicación con el público cuyano, que lo respetó, escuchó y aplaudió con fervor y emoción, especialmente en las canciones más melódicas. Otro momento muy emotivo de la tercera velada se vivió con la actuación sobre el escenario de mujeres mendocinas, a cargo de Juanita Vera, Alejandra Bermejillo, Mariana Matta, Sandra Amaya y Analía Garcetti, quienes entonaron clásicos de Cuyo.

   Finalmente, el cierre de la velada estuvo a cargo de Los Tucu Tucu, quienes trajeron desde Tucumán su canto y mensaje, resumidos en zambas y canciones, y las clásicas composiciones de su extenso y variado repertorio.

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