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11 de agosto de 2006
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Una mirada ?económica? sobre el aborto

Nuestro colaborador hace un interesante y original análisis sobre el aborto, teniendo en cuenta la oferta y la demanda, la prohibición y la necesidad de educar.

    Hace ya un par de días que venimos siendo testigos involuntarios de un caso que ha conmocionado al país: el de la joven con cierta discapacidad que quedó embarazada producto de una violación (aparentemente, hecha por un familiar). Este hecho aberrante se produjo hace casi 5 meses y como había una denuncia (sobre la mencionada violación), el caso fue enviado a la Justicia para que otorgue una autorización expresa de concretar el aborto requerido por la damnificada, de 19 años, a través de la madre y su hermana.

   En un primer momento, se le practicaron a la joven embarazada estudios de todo tipo, desde prequirúrgicos hasta psicológicos; para ese entonces, el bebé tenía 14 semanas y media de gestación. Un mes después, la jueza que entiende en la causa negó la realización del aborto alegando distintas razones y motivos. La sentencia fue apelada y la decisión fue a parar a la Corte de Justicia bonaerense. Finalmente, después de tantas idas y vueltas (y habiendo pasado varios días), siempre respetando los plazos judiciales, se constituyó el cuerpo y emitió un fallo favorable a la concreción del aborto; luego, hubo que esperar 48 horas para ver si entraba alguna apelación.

    La Justicia pensó que ahora estaba todo resuelto, pero lo que no se tuvo en cuenta fue que el feto, para ese entonces, ya tenía 5 meses de gestación. Este es el mejor ejemplo de que, más allá de lo que haga la Justicia, la vida sigue su curso. Después de todo este proceso judicial, los médicos que tratan a la joven en cuestión se reunieron y decidieron no realizar el aborto, para esperar que el niño nazca por parto inducido, pues lo contrario supone que se corre un riesgo quirúrgico de final impredecible.

    Ahora me pregunto: los médicos que no acataron una orden judicial ¿deberían ir a la cárcel? Más allá de todo este dilema, un empresario se presentó y se ofreció a adoptar el bebé y a hacerse cargo de los gastos que demande la damnificada hasta el momento del nacimiento, que será en el mejor sanatorio. Quizás para este caso en particular sea la salida más feliz para la joven, pero está claro que no lo es para la sociedad en su conjunto, aunque, en el mejor de los casos, todo este drama se podría haber evitado. Ahora veamos esto mismo pero desde el punto de vista económico, utilizando los famosos instrumentos de la oferta y la demanda.

   Como sabemos, en nuestro país está penalizada la práctica del aborto.Aunque el objetivo de la prohibición de abortar es reducir su consumo, afecta directamente a los que lo realizan clandestinamente más que a los consumidores de dicha práctica. Cuando el Gobierno impide que se realicen abortos en hospitales, consultorios particulares y/o clínicas del país, eleva el costo de la práctica clandestina y, por lo tanto, reduce la cantidad ofrecida a cualquier precio dado.

    Pero, ¿qué pasa con el mercado de abortos clandestinos? Para responder a esta pregunta, examinamos la cantidad total que pagan los consumidores de estos centros clandestinos. Como probablemente serán pocos los que estén dispuestos a no abortar por más que suba el precio de dicha práctica, es probable que la demanda sea inelástica. Si es inelástica, una subida del precio eleva el ingreso total en el mercado de abortos. Es decir, como una prohibición de los abortos eleva el precio proporcionalmente más de lo que reduce su consumo, eleva la cantidad total de dinero que pagan las personas que están dispuestas a realizarlo.

    Vale decir que con la prohibición sólo se benefician monetariamente los profesionales y los no profesionales que lo realizan clandestinamente. Por ello, una posible solución podría ser la despenalización y la educación con respecto a este tema tan candente hoy en día. De esta manera, en lugar de tratar de reducir la oferta de abortos, los poderes públicos podrían tratar de reducir la demanda, adoptando una política de educación y concientización sobre el aborto.

    Si esta tiene éxito, disminuye la cantidad como el precio de dicha práctica. Por lo tanto, la educación, a diferencia de la penalización, puede reducir la cantidad de abortos que hay actualmente en el país e, incluso, las muertes producidas por la realización de dichas prácticas en centros clandestinos. Quizás esta sea la solución más “económica” del problema.

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