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8 de febrero de 2019
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Una mano frente a la desolación

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Son pasos fuertes, tal vez impensados años atrás, pero que debían llegar para poner un manto de alivio a tanto dolor, sufrimiento y dificultades sobre el camino, cuando en el medio no está más una madre. El peregrinar de hijos y familiares de mujeres asesinadas para recomponer realidades, sobre todo económicas, era una de las materias pendientes del Estado. Y más aún cuando también el homicida optó luego por quitarse la vida. La desolación para quienes quedan es total. De ahí la importancia de que los descendientes de las víctimas de femicidio puedan acceder a una reparación monetaria, equivalente a una jubilación mínima. Es una mano tendida para recomponerse y volver a creer y apostar por que la vida dará otra oportunidad, a pesar de todo. Pero, también, es un mensaje para tomar conciencia de la dimensión del daño que ocasiona la violencia de género e intrafamiliar, sobre todo, en los más vulnerables, los niños.

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