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19 de agosto de 2006
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DESTINOS INTERNACIONALES: ESPAÑA

Una ciudad esculpida en las rocas

Conozca el conglomerado arquitectónico, en el centro del país europeo, que se conoce como Casas Colgadas.

    Las Casas Colgadas de Cuenca, en el centro de España se encuentran suspendidas de la pared rocosa que se levanta sobre el río Huécar. Se han convertido en el emblema de esta ciudad, declarada patrimonio de la humanidad por la Unesco, al sintetizar sus valores arquitectónicos y paisajísticos. Claro que el conglomerado arquitectónico no constituye una masa homogénea, sino que es el resultado final de una complicada evolución a lo largo de los años.

    Se ha convertido en la imagen de Cuenca porque sintetiza el esfuerzo de siglos por modelar sobre la roca esta ciudad, en la que naturaleza, arquitectura y cultura se conjugan armoniosamente. Y, justamente, la naturaleza es una parte fundamental del paisaje urbano de Cuenca, ya que la ciudad antigua fue inicialmente un asentamiento estratégico de los musulmanes, quienes aprovecharon las posibilidades defensivas que ofrecía el enclave rocoso que se forma en la confluencia de los ríos Júcar y su afluente Huécar.

UNA FORTALEZA ENTRE DOS RÍOS. La situación geográfica de Cuenca, en el centro de España, ubicada en las rutas estratégicas entre La Mancha y el Valle del Ebro, por un lado, y entre el Levante y el Valle del Tajo por otro, decidió a los musulmanes a construir una ciudad fortaleza sobre este lugar situado entre las gargantas de los mencionados ríos que permitiera controlar un amplio territorio.

    Su carácter defensivo marcó el desarrollo de la trama urbana, que se organizó condicionada por una topografía difícil y por la escasez de espacio vital. En la Edad Media, la ciudad fue adquiriendo una disposición abigarrada, con predominio de calles estrechas, pocos espacios libres, pequeñas plazoletas, callejones sin salida y pasadizos. Las circunstancias hicieron necesario el desarrollo de técnicas constructivas condicionadas por las escasas dimensiones de las parcelas y por la topografía, levantando casas que se elevaban colgadas en el vacío y modelaban los diferentes escarpes rocosos.

    Eran casas estrechas y altas, de hasta doce vuelos, con dos o tres habitaciones por planta, que se construían aprovechando los desniveles del terreno para la instalación de bodegas, cuadras, cámaras y otras estancias y cuya cimentación y partes bajas se hacían con fuerte mampostería. Así, fueron levantándose casas “colgadas” de los precipicios, apiñadas unas con otras.

ÉPOCA DE REMODELACIONES. Las actuales Casas Colgadas nacieron en este contexto urbano, aunque fueron evolucionando con el paso de los años, de forma que su aspecto actual difiere del que plasmó el pintor flamenco Anton Van den Wyngaerde en una de sus obras, en el año 1565. El conjunto fue remodelado el siglo pasado sobre un proyecto de reedificación elaborado en 1929, que terminó de ejecutarse en 1965, tras el paréntesis de la Guerra Civil (1936-1939) y la posguerra, y que contó con detractores que argumentaban que los actuales balcones volados y ligeros no correspondían estrictamente a los de la arquitectura tradicional conquense, que eran más cerrados.

    Tras finalizar su remodelación y rehabilitación, una parte del conjunto fue cedida al pintor filipino afincado en Cuenca, Fernando Zóbel, para que creara en sus dependencias el actual Museo de Arte Abstracto Español, mientras que la otra parte alberga un conocido restaurante. Desde que fue creado, en 1966, el Museo de Arte Abstracto se ha convertido en un referente cultural y en foco de creación artística. Ha recibido alabanzas de artistas, críticos y aficionados de todo el mundo, como es el caso del fundador y primer director del Museo de Arte Moderno (MOMA) de Nueva York, Alfred H. Barr, que lo calificó como “el museo pequeño más lindo del mundo”.

    Más allá de todo, las Casas Colgadas no tendrían la misma relevancia si no estuvieran en el marco arquitectónico y natural donde se encuentran, junto al Puente de San Pablo, que comunica a la ciudad con el Convento de San Pablo, hoy Parador de Turismo, salvando el imponente tajo de la Hoz del Huécar.

    Desde toda la zona se contemplan paisajes de gran singularidad y belleza, conformados por la acción conjunta de la naturaleza, que ha modelado la topografía con impresionantes farallones y dibujando formas caprichosas en las rocas, y de los humanos, que han levantado, a lo largo de siglos de trabajo, una ciudad sobre este manto rocoso. A pesar de que tiene importantes monumentos, como la Catedral (la primera de estilo gótico que se construyó en España), Cuenca no tendría sentido sin esta conjunción entre los paisajes natural, urbano y cultural, y así lo entendió la Unesco, que le dio el título de ciudad patrimonio de la humanidad en 1996.

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