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21 de mayo de 2007
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NUEVA CHICAGO - GODOY CRUZ

Un punto de oro se trajo de Mataderos

El Expreso igualó sin tantos ante el Verdinegro y se mantiene por encima en el promedio. Ahora viene Vélez.

    Hace rato que Godoy Cruz dejó de ser ese pibe tímido, ingenuo, lleno de buenas intenciones, que no ligaba y que, por lo general, se quedaba con las manos vacías.Atrás quedó esa idea casi romántica de buscar el buen juego, de ir siempre por abajo. Por las circunstancias y por sentir el espeso respirar del descenso en la nuca, el Tomba perdió la inocencia. Creció de golpe y a los golpes. Y ayer, en la siempre complicada República de Mataderos, demostró que ya es un tipo curtido, que sabe lo que quiere y, a esta altura, lo único que le importa y le sirve es sumar.Cómo sea y donde sea. Es por eso que el punto que rescató ante Nueva Chicago es un buen negocio. Todo sigue igual en el sótano de los promedios. El Expreso marcha por la promoción. Y queda una fecha menos.

    El equipo mendocino llegó a Buenos Aires con una premisa clara: defender el cero en el arco propio. Le costó en los primeros quince minutos, pero, después, demostró que ya tiene chapa de Primera. Por inteligencia, mañas y astucia no pasó grandes sustos, se llevó un merecido empate y hasta dio la sensación de que, si se lo proponía, lo ganaba de contra. Con más actitud y concentración, el Torito metió miedo en el primer cuarto de hora. César Carranza avisaba por izquierda con un remate que atajó Sebastián Torrico. Después, El Cóndor tuvo dos salidas fallidas pero Mariano Campodónico no le acertó al arco. Chicago tenía sorpresa, copaba el medio campo y, por derecha, con el incansable Omar Zarif, desnivelaba seguido.

    Pasaron esos sofocantes minutos iniciales y el Expreso hizo pie, se paró firme y empezó a jugar su juego. Tuvo más la pelota, trató de tocar corto, pero el impresentable estado del campo de juego lo complicó. Todo terminaba en pelotazos a la cabeza de Osvaldo Miranda, quien quedó con chichones. Encima, Diego Villar estaba desaparecido y Mariano Torresi aportaba a cuentagotas. Chicago recién retomó aire sobre el final de la primera mitad. Una vez más, El Turco Zarif fue hasta la línea por la derecha (Cárdenas lo vio pasar seguido) y metió un centro largo. La bola cayó en los pies de Carranza, que metió una bomba alta. Al toque, un córner le quedó servido a Israel Damonte, quien le pegó alto por muy poquito.

    Los locales habían sido superiores en un primer tiempo flojo, en el que el miedo a perder se sentía con peso. Pero como la presión la tenía Chicago, el Tomba estaba más tranquilo y sabía que en el complemento iba a jugar con la desesperación del Verdinegro. En el segundo tiempo, el Expreso levantó una muralla en la última línea. Gabriel Vallés no dejó pasar a nadie. José Devaca y Juan Manuel Herbella fueron efectivos. Sólo El Chango Cárdenas desentonó un poco. Pero todos, ante la duda, pum para arriba. En una contra que comandó Mauro Poy, Teté Buján recibió una falta en la puerta del área que los mendocinos pidieron penal. Collado no pitó. El Tomba estaba más ordenado y de contra molestaba a los locales, que padecían la presión de su público.

    El Pipa Villar volvió a ser El Pipa que todos conocen y, por la izquierda, se cansó de ir y venir y generar juego. En dos jugadas calcadas, habilitó a Poy para que metiera un centro a Miranda. En una, el eterno Mono Navarro Montoya contuvo bien el cabezazo y en la otra, El Flaco no llegó por muy poco. Los de Llop no pasaban complicaciones porque tenían la pelota o la recuperaban rápido en el medio gracias a Pinto y Buján, quienes pusieron como hay que poner en las paradas bravas. Chicago estaba nervioso. Entraba Higuaín, pero salía Carranza para bronca de todo Mataderos. No tenía claridad en el dominio de la pelota y carecía de profundidad. Sólo gracias a una confusión entre Cárdenas y Devaca, sobre el final, Higuaín tuvo una chance clarísima pero remató desviado.

    Godoy Cruz no sufrió como cuando era pibe, no hace mucho tiempo.No llegó ese fatídico gol agónico ni se llevó menos de lo que mereció. Como un tipo con cicatrices, con memoria para no caer en errores pasados, aprendió que hay momentos en los que hay que ver el resultado final y nada más. Jugó a eso, a sumar como sea. Lo consiguió en Mataderos y ante un rival directo, para que todo siga igual. Por eso se fue tranquilo el Tomba. Sabe, íntimamente, que dejó de ser un pibe. Sabe, pero no lo dice, que el sueño de quedarse en Primera está más cerca.

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