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13 de marzo de 2017
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Editorial

Un país que no logra aprender

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Argentina no logra escaparles a los fantasmas de las tragedias masivas y, menos, aprender de tantas amenazas. La falta de controles y de planes de prevención y contingencia, así como de toma de conciencia, se convierten en combos peligrosos, en verdaderas bombas de tiempo que terminan explotando en la cara a todos, como ocurrió en el recital del Indio Solari.

Pero todo sigue igual. Así, los argentinos parecen ver de lejos sus tragedias o milagros. Desde Cromañón, pasando por Once, las fiestas electrónicas hasta, más cerca de esta tierra, las fiestas de la Vendimia accidentadas son la muestra clara de la ausencia de vigilancia, exigencias y compromiso.

Las responsabilidades son compartidas, entre el Estado, principalmente, los empresarios y hasta los propios asistentes, que no logran controlarse, en este caso, en un sitio que se desbordó, y al que nadie impidió que ingresara un tercio más de su capacidad, en un pueblo que quedó aún más chico ante tanta desidia y negligencia. 

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