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3 de noviembre de 2009
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EL HECHO OCURRIÓ EL AÑO PASADO EN LA CONSULTA

Un padre y sus dos hijos, en el banquillo por matar a dos ancianos para robarles

Eran amigos desde hacía décadas. Las víctimas, dos ancianos, vivían juntas y compartían mucho de su tiempo con dos de los victimarios, quienes conocían a la perfección los movimientos de la casa

    Eran amigos desde hacía décadas. Las víctimas, dos ancianos, vivían juntas y compartían mucho de su tiempo con dos de los victimarios, quienes conocían a la perfección los movimientos de la casa. Un día, esa relación les jugó en contra a Saverio Santarossa (75) y a Lorenzo Páez (70), quienes fueron brutalmente asesinados a puñaladas por quienes creían que jamás serían capaces de cometer semejante delito, utilizarlos como blanco de su afán por conseguir dinero. Daniel Orlando Adarme (48) y sus hijos Daniel Orlando (27) y Eduardo Juan (23) comenzaron a ser juzgados ayer en la Tercera Cámara del Crimen por el delito de homicidio criminis causa.
    Los dos primeros eran los que frecuentaban la vivienda de las víctimas –donde funcionaba un taller de herrería, propiedad de Páez– ubicada en la calle Rosario Bustos de Zapata, en La Consulta, San Carlos. El 13 de junio del año pasado, un grupo de malvivientes ingresó a la morada de los ancianos al anochecer con el fin de obtener la jubilación de uno de ellos y el aguinaldo del otro. Sabían que ese día las víctimas tendrían el dinero en su poder. Así fue que en la quietud de la noche, algunos vecinos sintieron dos disparos y un familiar de ellos que vivía a 200 metros de allí llegó hasta la vivienda y se encontró con un desolador panorama: los ancianos habían sido apuñalados y uno de ellos –Páez– se encontraban debatiéndose entre la vida y la muerte.
    Los disparos que se sintieron pertenecían al revólver que Santarossa tenía para resguardar su vida ante cualquier eventualidad, ya que ambos vivían solos. Los testigos que declararon ayer, comprometieron a los acusados, a quienes señalaron como los autores por la vinculación que había con las víctimas y, además, porque una semana antes del hecho le habían robado a Páez 100 pesos. De acuerdo con lo que surgió de la investigación penal preparatoria, Santarossa intentó defenderse trenzándose a los golpes con los delincuentes y gatilló su revólver calibre 22, pero no le alcanzó para resguardar su vida: recibió una puñalada en el ojo izquierdo y otra en el abdomen, que le quitaron la vida en el acto. Por su parte, Páez intentó huir de la escena, aunque no logró hacerlo.
    Uno de los asesinos le asestó seis cuchilladas, tres en el pecho, una en la oreja y las otras en el abdomen. Falleció cuando lo trasladaban al Hospital Scaravelli, de Tunuyán. Los asesinos lograron llevarse un reloj, 200 pesos y el revólver de Santarossa. La plata que iban a buscar no la encontraron por una simple razón: iban a cobrarla al otro día. Jorge y Laura Páez, hijos de una de las víctimas, dialogaron con El Sol en el pasillo del quinto piso de los Tribunales locales y manifestaron: “Estos tipos vivían a costillas de nuestro padre, comían todos los días ahí y le hicieron esto tan terrible. Queremos que le den la condena máxima y que se pudran en la cárcel”.
    El tribunal que juzga a los Adarme está presidido por Isidro Peña e integrado por Marcos Pereyra y Orlando Vargas (todos pertenecen a otros juzgados). Hasta la representante del Ministerio Público, Gabriela Chávez, no es la originaria de esa Cámara, ya que se encuentra subrogando a Oscar Giacomassi. Los imputados son representados por la defensora oficial de Tunuyán Edith Nora de Herrería y la tarea de la querella la realizan Edgardo Valle y Lorena Martín. El debate oral y público está previsto que se extienda hasta el miércoles, cuando los acusados se enfrenten a una posible condena a prisión perpetua.
ANTECEDENTES. Eduardo Juan Adarme ya tuvo que enfrentarse a un tribunal local a mediados de junio del 2007 por el delito de homicidio. Fue sobreseído luego de que se lo acusara como penalmente responsable de que, su caballo, matara de una patada a José Mateo Martín en las inmediaciones de la ruta 40, antes de llegar a Eugenio Bustos, el 8 de setiembre del 2004, luego de que la víctima le matara a su perro en un accidente vial.

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