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12 de agosto de 2006
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Un nuevo mapa político tras el divorcio

El radicalismo comienza a partirse. Hoy miden fuerzas Cobos e Iglesias. El gobernador ya trabaja con un sector del PJ buscando un acuerdo de gobernabilidad. Nada será igual a partir de hoy.

    Cuando se analiza el nivel del violento enfrentamiento que se registra en el radicalismo, entre cobistas e iglesistas aquí en Mendoza y entre los “radicales que gobiernan” y los que no (acuartelados en el partido) a nivel nacional, se puede interpretar que lo que está en discusión es nada más y nada menos que el conjunto de ideas y visiones que a lo largo del tiempo ha tenido la UCR sobre los hechos de la realidad.

    Es decir, se podría decir que se está discutiendo la ideología. Y hasta la línea dogmática, podrá ampliar alguien más. Si así fuese, los radicales del país le estarían haciendo un enorme favor a la República, al partidismo político, reivindicando un espacio institucional para la necesaria discusión política. Todo lo contrario. Lo que se ve a todas luces es una pelea por el poder y sólo por el poder. Y nadie puede asegurar hoy que el que salga favorecido –si es que esto deja ganadores y perdedores– vaya a utilizar el poder en favor del bien común.

    Qué ingenuidad. El radicalismo está hoy a las puertas de un rompimiento histórico que puede derivar en la salida de un grupo de dirigentes hacia la denominada “concertación plural” que arma a su alrededor el presidente Néstor Kirchner o, en el mejor de los casos, en una profunda división que dará origen a una poderosa línea interna extendida en buena parte del país. En cualquier caso, la UCR como se la conoce hoy no será la misma, como tampoco lo es el peronismo desde la aparición de Kirchner.

   Es precisamente el presidente, con su estilo, con su forma de construir poder, con su ambición hegemónica, quien ha desatado la locura en el principal partido de la oposición. Kirchner fue tejiendo una estrategia maestra, acompañado por el descomunal crecimiento de los recursos, para dar a luz un nuevo movimiento político con propios y extraños, lejos de las estructuras partidarias o con ellas dentro. Apuntó a gobernadores e intendentes de la oposición, conocedor como ninguno de sus necesidades, urgencias y dependencias varias del poder central y de su billetera, especialmente.

    La coyuntura jugó a su favor y la crisis dirigencial del 2001-2002, con la aparición de los Cobos y los Zamora, por ejemplo, a quienes les dio aire y fondos para florearse. Qué mejor garantía para Kirchner en su objetivo de proyectar su hegemonía que, como líder de la concertación con la que sueña, incluir como puntales a gobernadores e intendentes sin reparar en su origen partidario. Hoy el radicalismo mendocino cruje por todos lados, pero sólo dos representantes, uno de cada bando admiten claramente que nada tienen que hacer juntos. Ellos son Roberto Iglesias y Alfredo Cornejo.

    El resto, incluyendo al gobernador Cobos, se diluye en explicaciones al momento de hablar de ruptura. Pero esto poco importa. Lo cierto es que, el lunes, el cobismo discutió abiertamente separarse del iglesismo, tomando como escenario el bloque de senadores provinciales. Allí estuvieron Cobos, Cornejo, Juan Carlos Jaliff, Sergio Marinelli, Andrés Marín, Sergio Pinto, los intendentes César Biffi, Mario Abed, Ricardo Mansur y Juan Manuel García. Se reunieron en la casa del funcionario legislativo Natalio Derinovsky, en Godoy Cruz.

    Fue Cornejo quien lanzó la idea de romper definitivamente. Pero lo frenó un racional Jaliff, cuya postura fue también acompañada por Biffi y Marín. Sin embargo, la rutpura parece ser una cuestión de horas, o de días. Los actos y las movilizaciones de hoy son una medida de eso. Cobos, en Vicente López,Buenos Aires, liderando el radicalismo K o el “radicalismo que gobierna”, mientras que Iglesias, en Talleres, al mediodía, reunirá a los suyos, a los que se oponen a la concertación y a los que enarbolan, al menos hoy, llevar a Roberto Lavagna como candidato en el 2007.

    Así las cosas Cobos se prepara para gobernar hasta el fin de su mandato con la posible oposición de los radicales en el Senado provincial. Para ello, ha activado un plan: planea dar vida a una mesa de gobernabilidad, en principio, con el peronismo. Cornejo ya habría tenido algunas charlas en ese sentido con la senadora nacional Marita Perceval, la más cercana de todo el peronismo a Cobos y quien no disimula su intención de formar parte de una posible fórmula acordada con el cobismo en Mendoza, atendiendo al mandato de Kirchner de colaborar con su amigo el gobernador.

    El tema se ha venido estudiando lo más reservadamente posible y el acuerdo podría estrenarse muy pronto. No todo el peronismo está al tanto de la movida ni todos están de acuerdo con esta. El peronismo está realmente en problemas. Cuando quiso mostrarse unido, con Celso Jaque como el candidato a disputar la gobernación en el 2007, se ventiló que quien fogoneaba la unidad, en realidad, buscaba una mejor posición para negociar con el radicalismo y con el propio Kirchner.

    Fue apuntado Juan Carlos Mazzón como el impulsor de semejante operación. Jaque, sin embargo, sigue dando pelea y una muestra de tozudez inútil pocas veces vista en la política: porque, sabiendo que quedó solo y mal frente a Kirchner, ha confirmado su camino. Aunque, quizás, se prepara para el 2011. Los demócratas tienen lo suyo, con Omar de Marchi enfrentando la vieja guardia partidaria que no le perdonará nunca aquel documento en donde pidió disculpas por la colaboración p a r t i d a r i a durante la d i c t a d u r a .
   
    Dispuesto a seguir adelante, De Marchi conduce su gestión a tejer acuerdos aprovechando el espacio que ha dejado a la derecha nacional el presidente Kirchner quien, al señalar al conservadurismo como su adversario, a la vez los ha legitimado. Por eso habla con todo el arco no cobista ni kirchnerista. Peronistas y radicales opuestos a Cobos y Kirchner son materia de consulta y análisis para el legislador nacional ganso.

    La usina de rumores en la que se ha transformado la política mendocina en los últimos tiempos echó a andar la versión de un acuerdo sellado entre Iglesias, De Marchi y el peronista Guillermo Amstutz, para enfrentar al candidato del cobismo y el kirchnerismo en la provincia. De Marchi no niega las charlas, los análisis y hasta algunas negociaciones. Dice que tiene contactos con todos. Pero lo que nunca resignará es la candidatura a gobernador. “Somos un partido provincial, imaginate, no podemos ir en un acuerdo ocupando la vicegobernación”, dice. Y lanza algo más inquietante: ¿Apoyaría el PD a Lavagna a nivel nacional? “Lavagna se baja, no será candidato”, asegura.

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