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6 de septiembre de 2006
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GUSTAVO NIEVAS

Un milagro bajo el brazo

El ex delantero contó lo que le tocó vivir con el accidente de su hijo Tomás, hace ya seis años. Le habían diagnosticado un coma 4, irreversible. La fe pudo más y se recuperó.

   Esta vez, la historia de vida de un ex goleador viene con un milagro a cuestas. Puede ser un soplo divino, un pequeño calor de Dios en el instante preciso o un momento sin muchas explicaciones para los que razonan todo. Gustavo Nievas se dedicaba a jugar al fútbol en Mendoza y en mayo del 2000 a su hijo Tomás, de un año, se le desplomó un tanque de agua encima, que lo dejó internado en estado crítico, con 9 fracturas.

    Los médicos le diagnosticaron un coma 4, irreversible. Fueron días tremendos los que le tocó vivir junto a su esposa Virginia y su familia. Pero luego de casi dos meses, la bendición sobrevino sobre Tomás, quien hoy está sano como cualquier niño de siete años. Salió de su estado inconsciente y el trabajo de un gran grupo de médicos fue fundamental. Gustavo Nievas, ese delantero que se inició en Gimnasia y pasó por el fútbol grande vistiendo la camiseta de Huracán de Parque Patricios, nos cuenta sus vivencias sobre aspectos de su vida fuera del fútbol.

    Podemos preguntar sobre muchos aspectos. Pero lo de Tomás supera a todo. Sí, seguro. A mí me han pasado un montón de cosas feas y hermosas en los aspectos de mi vida. En lo laboral, en lo económico o en lo que sea. Pero que algo llegue a tocar a un hijo es terriblemente frustrante. No te entra en la cabeza y gracias a Dios yo lo puedo contar. Desde el momento del accidente, viví 45 días de angustia y de no saber cómo enfrentar la situación con mis hijos. Y a lo que más le tuve miedo era al día de mañana, porque supuestamente Tomás no tendría que estar acá.

    El de arriba fue el que dijo que Tomás no tenía que irse. ¿Vos eras creyente? Sí, pero mi señora Virginia tuvo mucho que ver en todo esto. Ella es muy creyente y considero que todo influye mucho en la creencia de cada uno. Ahora, después de algunos años y ya más fríos, pensamos un montón de cosas y la verdad es que nosotros le entregamos el nene a Dios. Nosotros se lo cedimos. Yo le hablaba a Tomás, los médicos me decían que le hablara pese a su coma profundo.

    Y le decía que si Dios lo quería a su lado que se vaya con Él, aunque nosotros luego sufriéramos por eso. Lo único que le pedía es que si se quedaba, se quedara con alegría, porque sabíamos que las consecuencias eran gravísimas. Podría haber quedado en estado vegetativo y no fue así. Siempre mencionás que hay mucha gente a la que querés agradecer. ¿Querés hacerlo acá? Sí, aunque sé que me voy a olvidar de muchas personas.

    A ellos les pido disculpas. Durante mucho tiempo, quise agradecer públicamente a muchas personas y no pude. Le agradezco al doctor Carlos Cirilo, al doctor Masnata, a la gente del Hospital Notti, a las familias de la escuela de Tomás, la familia Ken, la familia Mácola, la familia Díaz, la familia Martín. Al plantel de Gutiérrez, donde yo jugaba al momento del accidente y a toda la comisión directiva. A todos ellos les agradezco incondicionalmente. Cambiando de tema. Estás dedicado a la hotelería. Sí, en 1995 la familia de mi señora nos dio la posibilidad de trabajar acá en el hotel.

    Después de muchos años de sacrificio y de pasar momentos complicados, hemos podido armar esta pequeña empresa con dos hoteles. ¿Se atiende bien al turista acá en Mendoza? En general, sí. Quizás el error sea querer aprovecharse del turista, de cobrarle de más en temporada alta lo que no se cobra en temporada baja. ¿Cómo analizás la situación económica actual? Si yo lo analizo de la parte mía, de lo que yo hago, puedo decir que el cambio del dólar me hizo muy bien. No tengo miedo en decirlo. Con el tema del nene mío, yo estaba en la lona, llegué a deber 15.000 dólares. Pero pese a todo, el cambio a mí me favoreció. Si analizo de esa forma, te digo que estoy bien, pero no todos vivimos la misma realidad.

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