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25 de mayo de 2007
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LO QUE VIMOS/ DIEGO TORRES

Un hombre que sabe cantar y hacer reír

El artista que arribó el miércoles a la noche al auditorio Ángel Bustelo fue alguien que desde hace mucho tiempo extrañábamos. Diego Torres, lejos de tener aires de divo pop, demostró en el primero de los dos conciertos ofrecidos en Mendoza ?frente a una sala ocupada por dos mil espectadores?, que aquel chico de pelo largo que resaltaba por su humor y mostraba sus dotes actorales en la legendaria La banda del Golden Rocket no ha muerto, a pesar de la estelaridad que cobró este cantante en los últimos tiempos.

   El artista que arribó el miércoles a la noche al auditorio Ángel Bustelo fue alguien que desde hace mucho tiempo extrañábamos. Diego Torres, lejos de tener aires de divo pop, demostró en el primero de los dos conciertos ofrecidos en Mendoza –frente a una sala ocupada por dos mil espectadores–, que aquel chico de pelo largo que resaltaba por su humor y mostraba sus dotes actorales en la legendaria La banda del Golden Rocket no ha muerto, a pesar de la estelaridad que cobró este cantante en los últimos tiempos. Lookeado con chaleco negro, remera, corbata a tono y un sombrero bien tanguero, el músico apareció en escena sobre una cinta caminadora, lo que reflejó el concepto de su nuevo disco, Andando, tema con el que, además, comenzó el recital.

    Dos pantallas laterales, más de una docena de músicos en escena y un ramillete de interpretaciones, en las que no sólo apeló a la difusión del nuevo repertorio, sino que desempolvó piezas inolvidables como Deja de pedir perdón, Tratar de estar mejor y Usted –con la destacada participación del corista Alexander Batista–, y, sobre todo, una potente presencia musical de la banda en su conjunto dejaron sobradas muestras de que el que viene Andando por distintos lugares es un digno representante nuestro.

    Más allá del despliegue musical, lo que conquistó definitivamente a hombres –quienes no disimularon su ganas de bailar cuando el clima así lo requirió–, mujeres y niños fue el carisma que Diego tiene como don innato. Por momentos, fue el público mismo quien le sugirió al artista que siguiera con sus canciones, dada la verborragia que lo caracteriza.

    Anécdotas de sus viajes –“En México, al sombrero le dicen cachucha”– y piropos – “Gracias por perfumarse para venir a verme”, en el comienzo del recital– sumado a los intercambios permanentes con el público que no dejó de ovacionarlo ni por un minuto demostraron el particular manejo escénico de este simpático personaje. Cuando llegó el momento de cerrar el telón, la sensación de satisfacción fue general. Sin embargo, para que no faltara nada, sobrevoló un coreado bis con Color esperanza, que llenó los corazones del desbordado auditorio.

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