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11 de diciembre de 2006
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LA MUERTE DE PINOCHET

Un hombre que infundió temor a dos generaciones

Terror, muerte y desapariciones. Estas son algunas de las palabras que caracterizan a los diecisiete años de la dictadura de Pinochet

          Augusto Pinochet marcó a fuego e impregnó de temor a dos generaciones de chilenos durante los diecisiete años que gobernó, tras derrocar, hace 33 años, al socialista Salvador Allende. El 11 de setiembre de 1973, Pinochet instaló cruentamente en Chile una dictadura que rompió 150 años de historia republicana y cambió la vida de sus habitantes. La imagen de La Moneda en llamas, de los estadios convertidos en prisiones y de hogueras alimentadas por miles de libros quedaron para siempre en las retinas de los chilenos.


         En menos de un mes, todas las instituciones democráticas que enorgullecían a los chilenos se extinguieron a fuerza de bandos militares y decretos. El mismo día del golpe, mientras Salvador Allende moría en La Moneda, los comandantes en jefe se constituyeron como Junta Militar, declararon el país en guerra interna y decretaron un estado de sitio que se prorrogó, salvo breves paréntesis, hasta 1987. Pinochet, José Toribio Merino, Gustavo Leigh y César Mendoza asumieron así el poder total ante un país estupefacto, dividido y atemorizado. Disolvieron el Congreso, proscribieron los partidos políticos y los registros electorales fueron incinerados.


         Controlaron las universidades y la cultura sufrió un violento apagón, que se encendería poco a poco, a contrapelo de la represión y la censura. Pinochet, quien se declaró jefe de la Junta Militar, ejerció el poder con mano de hierro hasta 1990, implantando un modelo neoliberal a ultranza que si bien saneó la economía y acabó con la inflación, dejó más de cinco millones de pobres.


 TERROR.


         Junto con la denominada revolución económica, la dictadura impuso una doctrina basada en la seguridad nacional, la que se tradujo en la persecución y el encarcelamiento de miles de personas. Esto se convirtió en un estigma del régimen militar. Más de tres mil personas fueron asesinadas o desaparecieron, decenas de miles sufrieron la prisión y la tortura y unas 300.000 huyeron a otros países. El miedo se hizo carne en los chilenos y se utilizó como eficaz medio de control de la población.


     El 14 de junio de 1975, Pinochet oficializó la creación de la Dirección de Inteligencia Nacional (Dina), que funcionaba de hecho desde 1973 y que fue la encargada de la guerra sucia contra los opositores. Ejecuciones sin juicio, desaparecidos y muertos en falsos enfrentamientos se volvieron prácticas habituales. Paralelamente, nacieron organismos protectores de los perseguidos, los que denunciaron las violaciones a los derechos humanos.

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