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29 de noviembre de 2019
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Opinión

Un consejo económico y social como posible solución a la grieta

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Seguramente, Fernández apuesta por darle aire, al menos, en el comienzo de su gobierno, a ese espacio de diálogo y posibles acuerdos.

La crisis ha golpeado tan fuerte que, de acuerdo con datos oficiales, el empleo privado registrado se encuentra en los mismos niveles que tenía en enero del 2014, cuando levemente superaba los 6 millones de trabajadores en el sector privado y en blanco. Los datos se conocieron ayer, cuando se difundió el informe mensual de la Secretaría de Trabajo del Gobierno nacional. La magnitud del descalabro es tal que, hace 13 meses consecutivos que se pierden, como un goteo permanente, puestos de trabajo de naturaleza privada, particular, aquel que se genera sobre la base de la fuerza de la actividad económica pura, sin intervención del Estado.

La industria, la construcción y el comercio han sido, por enésima vez, los sectores más afectados por el parate de la economía en general y por esa conjunción fatal que provoca la caída del consumo, el aumento sostenido de los precios y la caída de los niveles de recaudación, que han afectado, como se ha visto ya, el funcionamiento más o menos habitual del propio Estado.

El avance de un panorama desesperanzador por donde se lo mire –típico de los períodos de estanflación– no pudo ser detenido; a lo sumo, quizás, frenado en algún aspecto y sólo parcialmente, por la administración de Mauricio Macri desde que se manifestara y, luego, agudizara fuertemente la crisis allá, por el primer trimestre del 2018. No sólo no hubo recuperación con las medidas de excepción que se tomaron en el transcurso de este año, en lo particular, aquellas que se conocieron luego de las PASO de agosto, todas apuntando a minimizar, de alguna manera, los efectos devastadores sobre los sectores medios. Tampoco se recuperó la confianza en el Gobierno, tanto es así que Macri se convirtió en un caso más de aquellos raros que dan vuelta por el mundo democrático, de no conseguir la reelección luego de un primer período de gobierno. De todos modos, sorprendió al alcanzar ese 40 por ciento de adhesiones en las elecciones generales, de los que se ha tomado para lanzarse desde ese lugar como el jefe de la oposición que está a punto de estrenarse. Y también, claro está, la historia lo recordará como el primer mandatario no peronista en terminar íntegramente la gestión en casi cien años.

La situación es de extrema complejidad y es un fenómeno que para nadie pasa desapercibido. Sin embargo, sorprenden algunas posturas y visiones algo desenfocadas de ciertas corporaciones, sindicales, más que nada, y vinculadas con el empleo público, cuando de forma destemplada se lanzan amenazas y advertencias de medidas de fuerza ante la mínima posibilidad de no conseguir o no lograr lo que entienden les corresponde de hecho y de forma particular, sin tomar en cuenta el contexto general.

Alberto Fernández, el presidente electo que se prepara para asumir en días más la conducción del país, pese a lo que muchos posiblemente no quieran escuchar, afirmó ayer ante los empresarios industriales que “todos van a tener que dar y resignar algo” en la etapa que se avecina por el estado “deplorable”, describió, en el que están las cuentas públicas.

Seguramente, Fernández apuesta por darle aire, al menos, en el comienzo de su gobierno, a ese espacio de diálogo y posibles acuerdos que surgirán con la creación del consejo económico y social, donde estarán representados los empresarios, sindicatos y el gobierno. “Les estoy proponiendo decidir entre todos, con la responsabilidad que eso supone”, añadió Fernández ante una platea que lo escuchaba compuesta no sólo por los empresarios industriales, sino también por algunos miembros de la CGT, como Héctor Daer.

Fue en esa misma conferencia de los industriales en donde Fernández no sólo afirmó no querer hacerle “quitas a nadie”, con referencia a los acreedores que comenzarán a reclamar lo prestado al país en breve, sino que, además, sostuvo que su gobierno comenzará a pagar una vez que se comience a producir y crecer, con lo que en el exterior ya se hacen cuentas de que, al menos, si lo que dice Fernández se cumple, durante el 2020, Argentina postergará los pagos de la deuda.

Sobre el consejo económico y social, Fernández aprovechó para pedirles tanto a empresarios como a sindicalistas que lo acompañen en la conformación de un espacio que, se presume, podría estar conducido por Roberto Lavagna, de acuerdo con los trascendidos. Y que no sólo servirá, agregó, para ponerle fecha de inicio y de término al congelamiento de precios y salarios que, seguramente, se propondrá sino “para discutir todo”, aclaró.

Posiblemente, ese espacio se convierta en uno de los más importantes del nuevo gobierno para debatir la dirección que tiene que tomar el país para reencauzarlo. Quizás sea el escenario en el cual Fernández pueda desplegar su idea de país, más allá de lo que pudo manifestar en la campaña electoral que lo terminó por depositar en el Ejecutivo. Quizás sea, por qué no, un ámbito que se utilice para comenzar a cerrar tanta diferencia ideológica que alimentó esa grieta de odio y rencores que no hizo más que agravar el atraso económico, social y cultural que ha enfermado al país por más de una década.

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