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5 de octubre de 2009
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LUJÁN DE CUYO

Un centro de capacitación rescata el oficio de tonelero

Miguel Vargas es uno de los pocos artesanos mendocinos que realizan este trabajo. Para evitar que desaparezca este arte, les enseña sus secretos a los alumnos del curso de Carpintería.

Miguel Vargas (69) se resiste a que su oficio desaparezca, algo que parecía inevitable en Mendoza, donde quedan pocos toneleros. Por eso se entusiasmó cuando le propusieron enseñarlo a otros y se esfuerza para que los alumnos de un centro de capacitación para el trabajo, entiendan cada paso del proceso. Miguel participa de las clases de carpintería en el Centro de Capacitación para el Trabajo Nº6-506 Doctor Ramón H. Lemos, de Luján de Cuyo, donde los alumnos no sólo aprenden a hacer desde ventanas hasta muebles, sino también a reciclar toneles, para que puedan ser reutilizados por las bodegas.


     Miguel cuenta que cuando la industria vitivinícola nació y fue creciendo en Mendoza, el oficio de tonelero era muy común y se aprendía de generación en generación. Pero eso cambio y el arte se fue perdiendo. El hombre explica las razones de la desaparición de este oficio. Dijo que hace unos años, las empresas comenzaron a utilizar recipientes de acero inoxidable para conservar los vinos. Además de los toneles para guardar el vino, Miguel cuenta que antiguamente hacían muchos de estos recipientes, pero de madera de álamo, para guardar aceitunas, algo que era muy común ver en todas las casas. Pero eso terminó cuando se inventó el plástico.


     Hoy ya no se construyen los recipientes para el vino, sino que se reciclan, para que las bodegas puedan utilizarlos dos años más. Pero, incluso, este trabajo de restauración es común que se realice en Chile y no en la provincia. Frente a esta realidad, Miguel intenta recuperar su oficio del olvido y formar una nueva camada de toneleros. EN EL TALLER. El artesano aprendió el oficio de su padre, quien lo dejó observar desde pequeño cómo unía las duelas de roble que se importaban de Europa hasta convertirlas en un tonel en su taller de Maipú. Su padre seguía con paciencia cada uno de los pasos que le enseñó un inmigrante francés, que fue maestro de muchas generaciones de toneleros durante los años de florecimiento de la vitivinicultura.


    Miguel se enamoró de la labor y se transformó en la mano derecha de su padre, a quien acompañó a las bodegas más importantes, que eran sus clientes. El oficio no sólo requería paciencia, sino también valentía. La razón era que cuando les encargaban el arreglo de toneles y cubas de gran envergadura, utilizaban andamios para hacer las reparaciones. Miguel recuerda que él y su padre trabajaron en la mayoría de las bodegas mendocinas, haciendo toneles o dejando a nuevo los viejos para que se pudieran seguir utilizando. Aunque sus seis hijos merodearon desde chicos por su taller, ninguno siguió con el oficio. Por eso, para el artesano, es tan importante que otros jóvenes se interesen por su trabajo e intenten salvarlo del olvido. “Me siento bien enseñando a los chicos, porque este es un oficio que se estaba perdiendo y en Mendoza somos pocos los que lo sabemos hacer”, comentó.


TRANSMITIR EL OFICIO. Miguel utiliza un tonel para explicar a los alumnos la forma correcta de hacer el trabajo. Les enseña que es necesario sacarle el fondo, cepillar las duelas por dentro –para quitarles los restos de vino– y por fuera y ajustar los ensambles, porque con el uso se incrementa el espacio entre cada duela. El artesano también les habla de los materiales. Les explica que la única madera que sirve para hacer los toneles es el roble francés, y que se puede utilizar virapitá o viraró –que se encuentran en las provincias del norte– pero sólo para hacer pequeñas reparaciones en los recipientes originales. También les enseña que hay diferentes clases de estos recipientes según su tamaño: barriles, barricas, toneles, pipones y cubas.


    Los alumnos hacen preguntas y siguen las indicaciones de Miguel. Al lado del artesano está el profesor de Carpintería, Esteban Lázaro, quien comentó que ya se comunicaron con varias bodegas a las que les explicaron que están haciendo el curso de tonelería y que intentan rescatar este oficio. Gerardo Ponce (25) dice que no sólo le interesa aprender carpintería, sino también desentrañar el trabajo del tonelero, porque es un oficio que se está perdiendo. Además cree que existe una oportunidad laboral en el rubro, teniendo en cuenta que la mayoría de los recipientes de madera se llevan a Chile para ser reparados.


     A José Luis Agüero (45) también lo entusiasma aprender y que exista una expectativa real de trabajo en el área de la tonelería. Los alumnos atienden las indicaciones de Miguel. Saben que es el único que puede ayudarlos a rescatar del olvido un oficio ancestral que forma parte de la historia de una de las industrias más importantes de Mendoza.

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