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31 de diciembre de 2019
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Opinión

Un brindis de Año Nuevo con emociones diversas y contradictorias

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La 9.209, hay que decirlo sin tapujos y sin cortapisas, había nacido por la lógica del sentido común, aunque una mayoría, en apariencia contundente de los mendocinos de a pie, no la haya visto de esa forma.

La Ley Antiminera –7.722– ha vuelto a entrar en vigencia con todo su esplendor luego de haber sido dada por muerta durante diez días, lapso en los que reinó efímeramente la 9.209, una norma que, ya se puede decir, nació inerte pero que venía empujada por la fuerza de las urgencias económicas de la Provincia, por la necesidad de recuperar la actividad y el desarrollo industrial en todas sus variantes y en todos sus oasis y porque su matriz productiva luce agotada, sin fuerzas y absolutamente insuficiente para abastecer las demandas de 2 millones de personas insatisfechas. La 9.209, hay que decirlo sin tapujos y sin cortapisas, había nacido por la lógica del sentido común, aunque una mayoría, en apariencia contundente de los mendocinos de a pie, no la haya visto de esa forma.

Es probable que, a la hora del brindis de esta noche, cuando se levanten las copas y todos coincidan en que el nuevo año que amanece se presente con los mejores augurios y buenas noticias además de los agradecimientos de rigor, algunos lucirán más contentos y satisfechos, mientras otros adosarán a esa copa elevada al cielo un conjunto de súplicas y prédicas para que la creatividad y la inventiva les sean iluminadas. Entre los últimos se anotarán, sin dudas, el gobernador Rodolfo Suarez y su elenco de gobierno, el que se ha quedado sin la bandera por la que pretendía guiar la marcha de su gestión.

Si bien el Gobierno reconocía que la minería en pleno desarrollo no vendría a solucionar los mayores problemas económicos de la provincia, sí se la vio como aportando una parte importante con ese fin. Está claro, además, que si se hubiese permitido su alumbramiento, deberían pasar varios años para que los proyectos que estaban en danza y más adelantados pudiesen dar sus primeros frutos. Entonces, algunos, con razón, pueden preguntarse por qué impera ese desasosiego bien visible en el mismo Gobierno, en parte de la dirigencia política y, por supuesto, en el ámbito privado por la derogación de la 9.209.

Se supone que es por aquella orfandad de perder un proyecto que guiaba, que permitía una dirección, una línea determinada, como el efecto que produce cualquier iniciativa por pequeña que sea para una persona, un grupo o una familia. El desarrollo a gran escala de la minería en la provincia era un objetivo a cumplir por una administración que estaba convencida de que mientras avanzaba por ese camino se activarían por empatía posibilidades de negocios de otra naturaleza o relacionadas indirectamente con la actividad, tal como ha sucedido en otras regiones como San Juan, por caso.

Lo mejor que le puede pasar al gobierno de Suarez es no perder la iniciativa y salir rápidamente a buscar otras banderas que le permitan hacer nacer otro sueño, esta vez colectivo y no sujeto pura y exclusivamente al grado de acuerdo y de coincidencias alcanzado entre las corporaciones política y empresarial. No será una tarea sencilla, porque, además, tiene que restablecer una relación más o menos armónica con una oposición que no luce de la mejor forma, no ofrece garantías y deambula en un mar de confusiones.

El presupuesto, las leyes de Avalúo e Impositiva y la deuda serán los asuntos a los que el Gobierno debe comenzar a prestarles atención desde el arranque mismo del nuevo año. Y, al no contar con una zanahoria –como podría haber sido la minería–, el oficialismo se tiene que enfocar pura y exclusivamente en cómo hacer un nuevo plan de gobierno basado pura y exclusivamente en los recursos de un presupuesto que en gran medida no están garantizados, al menos, hasta que no cuente el país con su propia pauta de gastos, la que recién podría conocerse en marzo, de acuerdo con lo que ha previsto la administración del presidente Alberto Fernández.

Por supuesto que, con más obligación que la que se podía tener hasta pocas horas, lo que viene en obras de infraestructura y la reactivación, en general, está atada a la suerte que tenga la discusión parlamentaria por nueva deuda y por el futuro de las gestiones que se mantienen con la brasileña Vale para lograr que el dominio de la mina de sales de potasio de Malargüe pase definitivamente a la Provincia, para luego buscar su reactivación con los chinos, ingleses o canadiense posiblemente interesados y, desde ya, prenderles una vela a todos los santos para que el plan de construcción de Portezuelo del Viento no sufra alteraciones, un emprendimiento que, como se sabe, ahora depende de la relación y buena praxis en ese contacto siempre sensible entre la Nación y la Provincia.

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