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14 de abril de 2019
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Cultura

Tras los rastros de un mural inédito en el Museo Fader

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La directora de Restauración Cristina Sonego y la italiana Valentina Ruggiero.

La obra apareció gracias al proceso de estatigrafía que se realizó en todo el conjunto de la propiedad. Fue rescatada y actualmente está siendo restaurada. Un halo de misterio recubre su origen pero hay varias hipótesis que intentan definirlo.

El Museo de Bellas Artes Emiliano Guiñazú, Casa de Fader, en Luján de Cuyo, no deja de sorprender a los restauradores que en las tareas de remodelación, durante la primera etapa, descubrieron una obra inédita que llena de interrogantes a los historiadores del arte.

El mural, oculto tras varias capas de pintura, fue hallado a fines de 2017 en uno de los pasillos del antiguo edificio. En ese entonces se creía que podría tratarse de una obra inédita del artista Fernando Fader. Sin embargo, a medida que fueron avanzando los peritajes surgieron nuevas hipótesis.

En la pintura se pueden observar varios motivos de una gran escena. Se distingue un árbol que forma parte de un bosque y hay un barco. También se detectó un enmarcado con fileteado, entre algunos detalles que van apareciendo mientras se trabaja en su restauración.

La obra apareció gracias al proceso de estatigrafía que se realizó en todo el conjunto de la propiedad. Cristina Sonego, directora del equipo de Restauración, indicó que se trata de una técnica que consiste en ir removiendo desde la primera capa de pintura hasta la última para analizar su contenido.

De este modo, en algunos sectores cuando se alcanzó la última capa pudo notarse cierta rareza en el color de la pintura y tras examinarla mejor apareció la obra y se amplió la zona de búsqueda. El mural estaba en uno de los pasillos que conducen a la habitación principal, sobre la cava de la casa y en vínculo con el jardín posterior. 

Las paredes en las que había sido pintado fueron atravesadas por una grieta, producida quizas por los movimientos sísmicos que afectaron al edificio. Para rescatarlo se tuvo que aplicar la técnica del "estrapo".

“Las pinturas se encontraban sobre las superficies del pasillo y como la empresa constructora debía consolidar la estructura donde descansaban esas obras, se hizo imperiosa la necesidad de sacarlas y salvarlas. Para llevar adelante esa tarea se debió arrancar la capa de pintura del muro”, detalló Sonego.

El estrapo consiste en adherir la pintura a una tela traída de Italia con una cola especial. Una vez despegada se coloca en un nuevo soporte de placas especiales para mantenerla estable en el tiempo. Después se retiran las telas, se limpia la superficie y se inicia el proceso de restauración”, explicó la restauradora Valentina Ruggiero.

“No es una técnica muy común. Se usa este recurso en casos muy particulares y siempre se trata de evitar porque es un evento muy traumático para la pintura y riesgoso. Hubo todo un trabajo previo de evaluación estudio y diagnóstico”, agregó la italiana.

“Lo que también se descubrió es que la parte inferior de los murales de Fader estaban tapadas por bloques de yeso. Como restauradores pretendemos llegar al original y ponerlo en valor”, describió Sonego.

"En una pileta debajo de un zócalo hemos encontrado la misma tipología de flores, la misma pincelada y colores que en el pasillo. El razonamiento que hacemos es que si Fader pinta en 1906 y la casa fue construida en 1890, Guiñazú hizo decorar las paredes antes y esas pinturas quedaron debajo de lo que más tarde pintó Fader", concluyó Valentina Ruggiero.

¿De quién es entonces?

Después de extraer la pintura para resguardarla, restaurarla y volverla a ubicar a su sitio original, se inició un riguroso trabajo de investigación. Pablo Chiavazza, el licenciado en Historia del Arte a cargo de alumbrar el misterio, precisó que "está claro que no se trata de una obra de Fader" ya que fue pintada antes de 1905.

Ahora queda por saber quien lo hizo. "No había artistas locales consolidados en esa época en Mendoza. Los que llegaban eran pintores nómades, viajeros. Esa tendencia se mantuvo de 1985 hasta 1906. El desarrollo del campo artístico se da recién en 1915, cuando se funda la Primera Academia de Arte de Mendoza", dijo el especialista.

Es por eso que para Chiavazza es probable que la pintura pertenezca a un artista extranjero contratado para realizar la decoración en la casa. Y se anima a dar un nombre. Dice que aunque no pueda afirmarlo, podría pertenecer a Javier de Verda, un pintor no muy conocido, pero cuya obra tiene patrimonialmente mucho valor.

"El hallazgo es sumamente importante porque nos permite investigar en torno al pasado cultural de la provincia, que es una de las misiones del museo. Con este descubrimiento podemos documentar distintos momentos de la historia del arte local", señaló el investigador.

Historia de la casona

En 1889 Emiliano Guiñazú, comerciante y próspero miembro de la burguesía mendocina compró la propiedad de más de 120 hectáreas, ubicada en Mayor Drummond, con una casona de tipología rural que modificó para darle un aspecto más residencial.

Le incorporó carpinterías y las columnas metálicas de la galería. Decoró los muros de los locales interiores con motivos ornamentales, construyó la sala de la pileta interior con mosaicos venecianos y la reja del cierre frontal. El lugar fue pensado para veranear y quedó terminado en 1892.

Fernando Fader pintó los murales mientras habitó la casona, entre 1907 y 1914, ya que contrajo matrimonio con Adela Guiñazú, hija de Emiliano. En 1940, Narcisa Araujo, viuda de Emiliano Guiñazú, donó la antigua casona a la Provincia, con el propósito de convertirla en museo.

El 15 de abril de 1945 se creó el Museo Provincial de Bellas Artes Emiliano Guiñazú y se inauguró en 1951 en ese edificio. Tras 20 años de constantes alertas edilicias el museo quedó definitivamente cerrado a fines de 2013, si bien desde 2012 tuvo cierres parciales.

Las tareas de preservación del edificio y restauración de las obras comenzaron en 2016. Actualmente luego de finalizar la primera etapa de consolidación estructural de los muros comienza la puesta en valor de los componentes arquitectónicos y artísticos de la casa.

Bajo la dirección de la mendocina Cristina Sonego y la coordinación de la profesional italiana Valentina Ruggiero, un equipo de 14 especialistas se encargan de poner en valor, conservación y restauración del conjunto murario. Al grupo se suman expertos externos del Conicet.

Para agendar

La Secretaría de Cultura realiza desde marzo una visita guiada por semana, los sábados a las 16, con el objetivo de que vecinos y referentes de la cultura conozcan las obras que se están llevan adelante en la Casa de Fader.

Los interesados deberán inscribirse enviando un correo electrónico con sus datos personales a visitasfader@gmail.com.

Con las solicitudes se conformarán grupos de 10 personas, que podrán caminar por los pasillos de la impactante casona de Luján y hablar con el equipo de profesionales que trabaja en la segunda etapa de restauración.

Esta iniciativa tiene como finalidad que la comunidad pueda tomar contacto con la obra y el trabajo que se está realizando, para dimensionar y reconocer el complejo proceso de restauración en este museo.

 

 

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