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15 de septiembre de 2009
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humor

Tolerancia

Uno de los grandes males de la humanidad es la intolerancia. Muchos desastres, muchas guerras, muchos sufrimiento e injusticias podrían ser evitados si los humanos fuéramos más tolerantes

    Uno de los grandes males de la humanidad es la intolerancia. Muchos desastres, muchas guerras, muchos sufrimiento e injusticias podrían ser evitados si los humanos fuéramos más tolerantes. Tolerantes a nivel institucional a nivel organizaciones, países, pero también tolerantes en lo personal, porque esta cultura del apresuramiento parece indicarnos que todo se ha de resolver con prepotencia, con invasiones, con urgencias, con avasallamientos, y la verdad es que todo eso, nada resuelve.

    Debería existir alguna carrera corta que nos enseñara a ser tolerantes. La tolerancia puede abrir todas las puertas que cierra el agravio, la incomprensión, la confrontación cotidiana. Dicen los religiosos que Dios nos hizo a su imagen y semejanza, por eso le decimos semejante a cualquiera que esté pasando por esta situación temporal que se llama vida. Semejante, porque es como nosotros.

    En la pareja, por ejemplo. Después que la pareja se hizo más pelota que Adidas, el tipo o la tipa dicen: “Tal vez, si hubiésemos sido más tolerantes”. Tarde, la tolerancia no sirve con retroactividad. En la familia, por ejemplo, es muy probable que los hijos se manden de las suyas en cualquier momento. Sería bueno recordar que uno también fue hijo y tal vez más imperfecto que los que uno tiene.

    En el tránsito, por ejemplo, resulta que siempre la culpa es del nabo, del estúpido, del tarado y otros epítetos más, que se mandó una maniobra alocada en plena calle, nosotros nunca tenemos la culpa de nada. En el trabajo, por ejemplo, vivimos criticando al compañero y no nos damos cuenta que tenemos que estar unidos para soportar con cierta posibilidad de supervivencia las inclemencias del trabajo. En fin, un graffiti dice: “Nadie es perfecto, vote a nadie”. Tenemos que asumirnos, somos imperfectos, y por eso mismo, tal vez, por respeto a nosotros mismos, la tolerancia es un reconocimiento a nuestras propias imperfecciones.

   Nos olvidamos del Martín Fierro. Si lo leyéramos de vez en cuando encontraríamos muchas enseñanzas, como aquella que dice: “Las faltas no tienen límites / como tienen los terrenos / se encuentran en los más buenos / y es justo que les prevenga / aquel que defectos tenga / disimule los ajenos”.

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