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10 de julio de 2006
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Italia - Francia

Toda la gloria es de la Azzurra

Los tanos se consagraron campeones del mundo por cuarta vez en la historia, tras vencer a Les Bleus por penales.

    Italia se consagró ayer tetracampeón mundial al conquistar el título en Alemania, derrotando a Francia por 5 a 3 en los penales, tras empatar en un tanto en tiempo reglamentario. Fabio Grosso marcó el penal que llevó a la Azzurra a su cuarto triunfo, el primero en 24 años, en un partido que vio a Zinedine Zidane elevarse a los altares del fútbol y descender a los infiernos. A los seis minutos, penal de Materazzi a Malouda, bien cobrado por el árbitro argentino Horacio Elizondo. Entonces surgió el genio de Zidane, el genio que tan mal terminaría la final.


     Zizou picó la pelota tan suave que Buffon habría podido revisar media vida mientras veía la bola entrar a su izquierda. El balón rebotó en el travesaño y picó tras la línea. Genial, Zidane. El empate llegó a los pocos minutos. Andrea Pirlo usó su mágico botín en un córner desde la derecha para que Materazzi cabeceara al gol ante la desesperación de Barthez y Ribery. Era su segundo tanto en el Mundial, el más importante. Iban 19', y el partido volvía al empate. Una jugada calcada –córner de Pirlo desde la derecha, cabezazo de Materazzi– fue salvada por el pie de Thuram.


     Llegó luego una gran combinación en una internada por la derecha de Gattuso, pared incluida con Totti, que llevó a que cabeceara Toni al travesaño, a los 36', tras otro córner desde la derecha de Pirlo. Italia era más que Francia, sobre todo porque quería más a la pelota que Les Bleus. Sin embargo, en el segundo tiempo, Francia volvió rejuvenecida, con un Henry brillante y todo el equipo muy enchufado. Pero Italia reaccionó. Y un gol de Toni de cabeza fue anulado por posición adelantada. Henry volvió a escaparse y a amenazar a Buffon, pero Cannavaro se confirmó por enésima vez como el mejor defensa del Mundial.


    Un tiro libre de Pirlo rozó el palo derecho de Barthez, y luego Francia siguió más cerca de Buffon que Italia de Barthez. La prórroga era un hecho. Los equipos no se sacaban diferencias. Henry, que ya no era el de hacía un rato, dejó su lugar a Wiltord. Fue entonces que Zidane enloqueció, fue entonces que decidió arruinar su despedida: agachó la cabeza como un toro enceguecido y embistió con un cabezazo el pecho de Materazzi. Muchos no entendían por qué el central se retorcía en el suelo.


    Pero llegó la roja de Elizondo tras consultar al línea. Nunca un grande se había despedido con tan poco honor. El abucheo cubrió el estadio, pero era un abucheo algo ignorante. Algunos silbaban al francés, porque vieron el cabezazo que no exhibió la pantalla gigante, pero otros descargaban su rabia con el "delator" Buffon, que avisó al línea. No entendían lo que sucedía, no recordaban que Zidane es reincidente: ya había perdido el juicio ocho años antes, en Francia 98, pisando a un saudí, y lo mismo le pasó en otros partidos de clubes.


    Llegaron los penales, los mismos que en Estados Unidos 94 le quitaron a la Azzurra el título ante Brasil. Todos acertaron menos Trezeguet. Así fue que el título quedó en los pies de Grosso, el héroe ante Australia y Alemania. Con calidad, combado, directo a la red. Barthez voló hacia su derecha, hacia el lado equivocado, y todo el equipo italiano voló hacia los brazos de Fabio Grosso, la nueva cara ganadora de la Italia tetracampeona. 

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