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13 de septiembre de 2006
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Teorías, hipótesis y paranoia del 11-S

Los atentados de hace 5 años dejaron huellas imborrables en Estados Unidos y en diferentes partes del mundo. Qué cambió y cómo. Las versiones no oficiales de los hechos.

    Los ataques de hace cinco años tuvieron también como escenario el Pentágono de Washington y el Estado de Pensilvania. Pero los más mortíferos y que mejor se conservan en la retina y la memoria, son los que echaron abajo el World Trade Center de Nueva York. Por televisión, media humanidad fue testigo en directo, y la otra media en diferido –y muchas veces–, de cómo los aviones en poder de los terroristas impactaron ese día en las Torres Gemelas, entonces los rascacielos más altos de Nueva York.

    Y cómo se desplomaban después, también uno detrás del otro, dos edificios que eran el símbolo del poderío de una ciudad que es la mayor y mas universal de la primera potencia del planeta. Estados Unidos nunca había sido tan duramente golpeado en su suelo, y su presidente, George W.Bush, emprendió a continuación lo que llama “la guerra global contra el terror”. Una guerra que, advirtió, iba a ser distinta.

    Y con motivo, aunque no todos coinciden en por qué es diferente. Dos campañas militares y un rosario de atentados contra civiles son los jalones que se han recorrido por el momento en un conflicto cuyo campo de batalla no tiene límites precisos y en el que, por ahora, no está del todo claro quién gana y quién pierde. Y los más pesimistas piensan que sólo acaba de empezar. Las guerras en Afganistán e Irak sirvieron para desmantelar el régimen talibán en Kabul, y el de Sadam Husein en Bagdad. Pero en ambos países continúa activa la resistencia y permanecen en una vorágine de inestabilidad de resultado incierto.

   Ninguna de las dos campañas militares ayudó, además, a descubrir el escondite de Osama Bin Laden. Madrid y Londres, Aman y Casablanca, Bali y el Sinaí, han sido el marco de ataques indiscriminados que se han producido en paralelo y que, asimismo, han sido atribuidos a la organización Al Qaeda, del millonario y disidente saudí. El organigrama de la red terroristaconstituye, sin embargo, un enigma comparable al que plantea el paradero de su líder.

    Los expertos coinciden en considerar a Al Qaeda como una constelación de grupúsculos de los que se desconoce con exactitud los nexos y que compartirían ideología radical islamista, pero no necesariamente nada más.También es una incógnita su estrategia. Todos los atentados perpetrados presuntamente por Al Qaeda desde el 11-S se han producido fuera de Estados Unidos, esto es, Bin Laden no ha vuelto a atacar en casa de su enemigo directo, sin que nadie acierte a explicarse la razón. Washington mantiene que se debe a las medidas de seguridad puestas en marcha tras los ataques como, entre otras decisiones, la de impermeabilizar las fronteras.

    El dispositivo no ha impedido, sin embargo, que haya continuado el flujo de inmigrantes clandestinos en un país donde el numero de trabajadores sin papeles ronda los 12 millones. Esa ausencia de atentados en territorio estadounidense y la popularidad que al principio dio a Bush su “guerra contra el terror” –que le permitió ganar su segundo mandato con mucha mayor holgura que el primero–, han multiplicado las “teorías conspirativas”. Esas teorías han sido alentadas por testimonios de supervivientes que difieren de la versión oficial sobre lo que ocurrió hace un lustro en las Torres Gemelas, aunque no dejaban de ser meras hipótesis, mientras no se demuestre lo contrario, al cumplirse el año cinco de los nuevos tiempos.

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