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27 de octubre de 2009
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UN LIBRO DE BERNARDO DYMENSZTAIN

Teoría local sobre suicidios compulsivos

El especialista plantea que los suicidios compulsivos tienen relación con los bacterias.

¿Por qué personas sin problemas psiquiátricos, familiares o económicos deciden suicidarse? ¿Qué incita a un joven sin antecedentes criminales a provocar una masacre? ¿Es posible que un hombre común se transforme en un erudito? Son algunas de las preguntas que el especialista mendocino Bernardo Dymensztain (68) aborda en su libro Teoría de la Inducción de Pensamientos Dirigidos. Si bien estos cuestionamientos pueden responderse fácilmente desde los aspectos psicológicos, psiquiátricos y sociológicos, nunca se pensaron desde el mundo químico, terreno de Dymensztain, ya que es bioquímico y farmacéutico. Por ello, su estudio relaciona el proceso mental con la actividad bacteriana, destapando así una nueva línea de investigación. “Esto abre el camino a futuros trabajos”, comentó el autor de la obra.
LATEORÍA. Según esta tesis, los suicidas compulsivos u homicidas sin razón fueron infectados previamente por microorganismos que producen lo que Dymensztain llama una sustancia inductora. Esta es la que se encarga de modificar la transmisión de mensajes en el cerebro, produciendo trastornos en el procesamiento de la información y en su interpretación. De esta manera se originan ideas tendenciosas, persistentes y agobiante en la mente del individuo, llevándolo a su propia destrucción. “El cerebro posee más de 100 mil millones de células que transmiten información con otras millones. En esta red, la información enviada por los sentidos (tacto, gusto, olfato, oído y vista) se transforma en pensamientos psíquicos. Pero una especie de microbios puede modificar este proceso, provocando el surgimiento de ideas recurrentes y agobiantes, que se denominan pensamientos dirigidos”, explicó el especialista. Así, luego de que Dymensztain realizara una exhaustiva investigación –que le llevó diez años– descubrió que los comportamientos tienen una estrecha relación con los microbios que habitan el organismo. Este trabajo revaloriza y pone la lupa sobre la importancia de los microbios en el cuerpo, pues todo lo que nos rodea tiene bacterias que ayudan a equilibrar el sistema orgánico. Por ello, la significación de este trabajo, pionero en la provincia, ya que no existe un antecedente de similar calibre.
SUICIDAS COMPULSIVOS. “Son aquellas personas que, pese a no tener problemas psíquicos, económicos, familiares o emocionales, deciden de un segundo a otro terminar por completo con sus vidas”, señaló el bioquímico, y prosiguió: “Esto se debe a que se instaura en ellos un pensamiento persistente, tortuoso, obligando a los individuos a materializarlo, mediante el asesinato y luego la autodestrucción”.
CASOS DE MUESTRA SOBRAN. Uno es el aumento de suicidios en el Penal. Así, a través de varios ejemplos, Dymensztain va elaborando el sostén de su teoría, pero no todo es dañino, ya que estas bacterias también son capaces de transformar individuos comunes en prodigios.
MENTES BRILLANTES. Como detalla el especialista, esta sustancia inductora también puede generar ideas creativas, innovadoras y revolucionarias, aunque igual de persistentes y agobiantes que las otras. Así, Dymensztain se anima a ir más allá en la polémica, poniendo como ejemplo a Albert Einstein y a Van Gogh. “Einstein fue infectado por microorganismos que le provocaron la inducción de pensamientos dirigidos. Esto estimuló su imaginación y el surgimiento de ideas fijas creativas y revolucionarias para la mentalidad de la época”, manifestó el bioquímico, basándose en la biografía del genio. Dos polos opuestos de comportamiento que tienen un común denominador: todos actúan a partir del establecimiento de un pensamiento insistente y agobiante, producido por la sustancia inductora que proviene de las bacterias.
ADELANTÁNDOSE EN EL TIEMPO. Desde hace diez años, Dymensztain investiga reservadamente la dinámica bioquímica de los neurotransmisores y cuenta que la idea surgió luego de conversar con pacientes. Dymensztain admitió que la vida de un investigador no es nada fácil. Menos lo es si no recibe ayuda del Estado. “Yo trabajo en Mendoza sin ayuda y demuestro que se puede hacer. Sin apoyo de nadie se puede lograr. Sólo hay que tener tranquilidad espiritual”, aseguró, y agregó: “Yo no persigo fines económicos, al contrario, he puesto patrimonio mío en esto. Lo que me interesa es producir y entregarlo a la sociedad”. En cuanto al común temor de que su teoría sea criticada, Dymensztain aclaró: “Toda teoría es adelantarse en el tiempo, después se comprobará o no. Mientras, todos los investigadores corremos el riesgo de ser criticados”.

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