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14 de junio de 2007
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Te acordás hermano...

El 5 de agosto de 1937, dibujando caminos, pasando por parajes y pueblos, algunos ni figuraban en los mapas de nuestra geografía, un puñado de audaces pilotos a bordo de cupecitas reacondicionadas en el barrio para andar kilómetros y horas sin detenerse creó el Turismo de Carretera.

    El 5 de agosto de 1937, dibujando caminos, pasando por parajes y pueblos, algunos ni figuraban en los mapas de nuestra geografía, un puñado de audaces pilotos a bordo de cupecitas reacondicionadas en el barrio para andar kilómetros y horas sin detenerse creó el Turismo de Carretera.

    El TC cumple siete décadas de una historia grande en pilotos, marcas, circuitos y personajes y Mendoza fue elegida para dar el puntapié nacional del ciclo Un gran premio de setenta años. El momento central fue la conferencia de Marquitos Di Palma, Pincho Castellanos, Matías Jalaf, Alfredo y José Manzano. Moderadores, Mauro Feito, diario Olé, Roberto Berasategui, diario La Nación, editores del libro de los 70 años de TC.

Días de gloria y dolor
El auditorio del Aula Magna del Centro de Congresos y Exposiciones marcó la pasión que el Turismo de Carretera desencadena. Había presidentes y dirigentes de clubes del automovilismo, pilotos de ayer y hoy, preparadores, los chicos del karting, familias tuercas, hombres maduros y jóvenes, mujeres, estudiantes de Comunicación Social, periodistas y enduristas. Todos los estamentos del motor dieron el presente. La charla recorrió desde los días de gloria a los de dolor por la pérdida de un ídolo. Pasó por la evolución técnica, las luchas de marcas y las hinchadas.

No soy el mejor
Marquitos puso su sello de humor y chispa. No se guardó nada. Habló desde la relación con su padre a las peleas con El Flaco Traverso. Sentenció: “No soy el mejor ni el más rápido. Pero en cada carrera pongo el corazón” y “No volveré a inscribir en mi auto publicidad de cigarrillos”. El mendocino Jalaf representó a la figura fresca que asoma en una disciplina construida por los mejores corredores del país. Viajó por su corta experiencia, las ilusiones y reconoció que los pilotos de hoy poco conocen de mecánica.

Verdades y nostalgias
El Pincho y los Manzano entregaron la visión del tiempo de los Grandes Premios y los primeros pasos del ingreso a los autódromos. Ilustraron cómo frenaban máquinas con frágiles sistemas que desarrollaban sorprendentes velocidades. Se internaron en el compañerismo, los pilotos-mecánicos, las etapas de un tirón de más de mil kilómetros por caminos de ripio, tierra y barro, el delirio que desataba el paso por los pueblos. Ford vs. Chevrolet. El arribo del Torino y la Dodge. Para los mayores fue nostalgia y nombres inolvidables: Oscar y Juan Gálvez, El Chueco, Pairetti, los Gringos de Olavarría.

El pueblo manda
Pocos temas quedaron en el tintero pero José Manzano fue el dueño de la frase de la noche. “El día que se acabe en el pueblo la pasión por el TC, el TC muere”. Tiene razón: el TC demostró que es adrenalina, pasión, alcurnia, historia y pueblo con mayúscula.

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