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13 de octubre de 2009
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URUGUAY - ARGENTINA

Tan duro como aquel del 30

Mañana se vivirá un nuevo clásico del Río de la Plata en el Centenario, un escenario que tuvo su capítulo inicial en la primera final de la Copa del Mundo, ganada por los Charrúas.

MONTEVIDEO (DPA). El nombre del Estadio Centenario hace honor a la historia del gran clásico del Río de la Plata entre Uruguay y Argentina, una historia viva desde la auténtica guerra de la final mundialista de 1930 hasta el hermanado empate del 2001 camino de Corea/Japón 2002. El Centenario, cuyas paredes rezumen anécdotas futbolísticas, vivirá mañana una nueva edición del duelo con todos los condimientos para pasar a las páginas doradas de los anales del clásico. Uruguay y Argentina se juegan en Montevideo quién estará en el Mundial de Sudáfrica 2010. Un empate les alcanzaría a los Albicelestes, pero la amenaza de Ecuador en la distancia los obliga a buscar la victoria.


    Los Charrúas ganaron a Argentina la final de los Juegos Olímpicos de 1928 en Amsterdam, lo que les ayudó a conseguir dos años después la organización de la primera Copa del Mundo. Los dos países vecinos se habían enfrentado ya antes en numerosas ocasiones, pero fue entonces, en 1930, en la final del Mundial cuando empezó a escribirse la historia de una relación paradójicamente dividida entre la rivalidad y la hermandad. El Centenario, inaugurado para la ocasión, fue escenario de aquel partido, que fue una muestra del fervor con que se vive el fútbol en ambos países. El jugador argentino Francisco Varallo recordó años después que los aficionados locales les “hicieron la guerra” desde que llegaron a Montevideo. “A la noche no nos dejaban dormir y nos insultaban en los entrenamientos”, rememoró.


    El árbitro decidió utilizar un balón de los argentinos y otro de los anfitriones, uno en cada tiempo, para que no hubiera reclamos. Los Albicelestes estuvieron adelante en el marcador 2 a 1 hasta el minuto 58, pero al final hubo una reacción de Uruguay, que terminó ganando 4 a 2. “Fue una gran final y nosotros la ganamos porque pusimos más sangre”, zanjó José Nasazzi, capitán de los uruguayos. El partido de mañana tiene visos de convertirse en algo parecido a aquello que sucedió hace casi 80 años, lejos de la balsa de aceite que simuló el Centenario en noviembre del 2001, cuando una Argentina clasificada apenas peleó el 1 a 1 que permitió al pequeño vecino de la otra orilla ir al repechaje con Australia, que le valió luego el boleto al Mundial del 2002.


     Aunque separados por los ríos Uruguay y de la Plata, ambos países comparten episodios históricos, estrechos vínculos económicos y afinidades culturales, también en el terreno futbolístico. En total, Argentina y Uruguay se han enfrentado en 175 ocasiones, con 82 victorias para los primeros y 54 para los segundos. En 39 partidos, el marcador terminó igualado. El encuentro 176 volverá a un escenario mítico. El Centenario, que fue bautizado así para celebrar los 100 años de independencia de Uruguay, es un monumento del fútbol mundial.


     Fue en sus primeras décadas un reducto difícil para cualquier rival, pero hoy ha perdido algo de su mística, lo mismo que la garra charrúa que le dio gloria a Uruguay en la primera mitad del siglo pasado. El partido de mañana no es la final de un Mundial, pero el fútbol de hoy no es tampoco el de 1930. La repercusión de Diego Maradona, seleccionador argentino, Lionel Messi o Diego Forlán es planetaria. En pocas horas se agotó casi la totalidad de los boletos: nadie se quiere perder la que puede convertirse en otra página de oro en la historia de los clásicos rioplatenses y del fútbol mundial.

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