En vivo: una multitud ya despide a Diego Armando Maradona
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2 de octubre de 2009
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Tal como somos

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Cada pueblo tiene su cultura y su cultura tiene sus características.

Cada pueblo tiene su cultura y su cultura tiene sus características. Por ejemplo, el porteño es invasor, vive confrontando, compitiendo, apurado y cuando sale de vacaciones actúa igual, y entonces resulta más molesto que calzoncillo de hilo sisal. El cordobés es extrovertido, amigote, cargador, el dueño de los chistes, de los apodos, de los cuartetos. El santiagueño tiene fama de ser…a ver, ¿cómo decirlo sin herir sensibilidades? Tienen el ánimo laboral en condiciones precarias, por eso, al santiagueño le decimos Citroën, porque no tiene pique pero tampoco se calienta. Se murió un santiagueño y en su tumba, en vez del tradicional “que en paz descanses” le pusieron: seguí con lo tuyo, hermano. ¿Y los mendocinos cómo somos? En una época nos decían “mendocinos pata a la rastra”. Según Juan Carlos Rogé, por nuestra pachorra, que arrastraba la cantidad de afectados por el bocio que había en otra época y también por el efecto perturbador del clima y de la altura. También se nos conoce como parcos, como metidos para dentro, hablando el idioma de la piedra, que tiene que ver con nuestra geografía, con el desierto y aún con nuestra producción principal: la viña necesita atención permanente, cuidado constante, riego, y con el riego nos chupa, nos tira para adentro. Entonces nos cuesta expresarnos, estamos como contenidos. Dicen algunos que hay artistas de Buenos Aires que prueban sus nuevos trabajos en Mendoza. Si en Mendoza va bien, es un éxito, descontado está el éxito en todo el país, porque, dicen, somos un público exigente. Yo no sé si exigente o poco demostrativo, pero la mención es cierta. Pero tenemos otras características: vamos en auto hasta la esquina, no cumplimos con los horarios, no nos gustan las escaleras, y no nos adaptamos a la lluvia. Cuando llueve, somos proclives a ahogarnos en un charco de agua.

Los mendocinos tenemos lo nuestro, y dentro de ello, amamos esta tierra como pocos aman la suya. “Nadie se va de Mendoza, aunque crea que se va”, dice el Armando en uno de sus escritos, dije yo una vez en uno de los míos: “Mendoza es una tierra que se comienza a extrañar aún antes de habernos ido”. Los mendocinos, esto que somos, con nuestras formas de ser y nuestras costumbres. La siesta, por ejemplo, podrán acusarnos de vagos, pero la verdad que es muy lindo amanecer dos veces en el día.

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