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11 de junio de 2019
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Suarez, entre el poder heredado y la construcción del propio

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El intendente de Ciudad nunca fue cornejista, pero el Gobernador aprendió a respetarlo. Los desafíos del ganador de las PASO y gran favorito para sentarse en el sillón de San Martín en diciembre.

Rodolfo Suarez siempre midió bien; incluso, hasta cuando decía que no quería ser candidato a gobernador. Su imagen era de las más aceptadas en las encuestas encargadas por Alfredo Cornejo, quien analizaba los resultados con la misma perspicacia con que un director técnico elige al delantero que jugará del titular. Cornejo tiene algo de eso. Su habilidad política es conocida por su capacidad para la rosca, para las alianzas y para saber cómo, cuándo y dónde tomar decisiones clave.

Pero hay otra característica que lo acerca más a este juego de ver números, interpretarlos y actuar a partir del valor que le dan esos datos: es un gran formador de equipos técnicos y políticos. Potencia a los suyos y reconoce virtudes en los ajenos. A algunos, si puede, los incorpora en su esquema. A otros, a veces, los elige como enemigos u opositores. La prueba de este último punto la dio hace poco más de un año, cuando invitó a Anabel Fernández Sagasti a consensuar proyectos de política de Estado. Antes que nadie vio a quien se convertiría en la referente del peronismo mendocino.

Con Suarez fue parecido. Nunca fue de su riñón, pero aprendió a respetarlo. El intendente de Capital heredó el poder de Víctor Fayad, lo revalidó y lo potenció. Tomó las bases y condiciones impuestas por el Viti para convertir a la capital de Mendoza en una ciudad modelo. Suarez no se caracteriza por su retórica. No es un tipo de presentaciones grandilocuentes en público ni un experto en el arte discursivo.

Lo suyo pasa por otro lado; por la gestión. Es un concepto que lo vinculará directamente con la construcción del parque O’Higgins y la remodelación de la Arístides. En todo caso, esas son las obras icónicas o marketineras. Con eso potenció su imagen como candidato. Con eso y con los eventos organizados por el Municipio, que lo mostraron como anfitrión con perfil bajo; algo que se convirtió en el lastre de quienes diseñan estrategias de comunicación.

Su apuesta fuerte y sin estridencia mediática estuvo en el oeste. La urbanización del barrio Olivares y de La Favorita, con la presencia estatal en servicios e instalaciones, lo potenciaron como algo más que un intendente preocupado por tener los puntos turísticos en condiciones.

No pasó zozobra cuando Guillermo Carmona cuestionó la calidad de vida de los habitantes de esa zona. Al presidente provincial del Partido Justicialista y precandidato a la Intendencia le falló el olfato y eligió mal el blanco del debate.

En su primera aparición como candidato confirmado, luego de ser el más votado en las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias, aseguró que, tal como le ocurrió en Capital con Fayad, ahora deberá mantener la vara alta que le deja Cornejo. Es una muestra de modestia; tal vez de falsa modestia.

Ahí está el verdadero reto. Los problemas que pueden surgir en una Intendencia son nada en comparación con la agenda diaria de necesidades mendocinas. Sobre todo, si se trata de un departamento con abundancia de recursos en contraposición a una provincia que no termina de salir a flote.

En Capital, tras la muerte del Viti, el Rody continuó con la misma hoja de ruta y evitó los cambios bruscos. Fue paulatino. Hizo ajustes que tenían que ver con su forma de pensar y de encarar una gestión. No modificó tanto el estilo de juego, pero sí optó por otros intérpretes; en especial, en las áreas de Gobierno e Infraestructura.

Allí se dio el acercamiento más importante con Cornejo. El Comité de Capital era el único díscolo en la idea de tener un partido unificado y lejos de las internas históricas del radicalismo. El actual gobernador había ido eliminando variables para evitar disputas que debilitaran la construcción de poder.

Quedaban dos escollos: Roberto Iglesias y Fayad. El primero dio un paso al costado, debilitado y obligado tras la derrota en las elecciones que ganó Francisco Pérez. Con el segundo, no hubo manera… hasta que Suarez abrió la puerta conciliatoria.

Cornejo confía en Suarez. Por un lado, asegura la permanencia de un estilo en el Ejecutivo; por el otro, el armado de las listas le permitirán, a priori, mantener y ganar poder en la Legislatura.

Con más de siete puntos de diferencia entre frente y frente, difícilmente al intendente de Capital se le escape la Gobernación. Debería ocurrir un fenómeno provincial de tal magnitud que marcara un antes y un después en la historia institucional de la provincia. O que su gestión como jefe comunal o la de Cornejo se vieran involucradas en escándalos irremontables. Por eso, su equipo técnico y el de la Provincia comparten una misma mesa de propuestas. No es un comité de transición. Es, más que nada, una suerte de coordinación para darle continuidad a un plan de trabajo en el que el principal cambio se verá en el sillón de San Martín.

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