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11 de noviembre de 2006
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Somos lo que somos

La investigación judicial por los vínculos del gobierno de Cobos con barrabravas de Godoy Cruz y sus dirigentes produjo un cataclismo en el seno del Ejecutivo. La reacción primaria fue rechazar la pesquisa y victimizarse. Luego se admitieron, a duras penas. Un reflejo de una sociedad hipócrita y que se cree única.

    Mendoza necesita redefinirse. Quizás hasta refundarse como sociedad. Y no es una exageración, porque quizás ha llegado el momento de tomar uno de los dos caminos que tenemos enfrente: o profundizamos esa veta hipócrita que nos caracteriza por esconder la mugre debajo de la alfombra y de creernos los campeones mundiales de la decencia, del respeto a las instituciones, del sentido común, los impolutos e incorruptibles, cuando tenemos conciencia de que no es así, o tomamos la senda por la que ha ido la mayoría del país, institucionalizando pactos y arreglos con delincuentes y mafiosos de toda laya.

    Sobran los ejemplos de esta última variedad de conducta. Hay que buscarlos en algunas de las provincias vecinas o en las del centro y norte del país y, quizás, en alguna del sur también. En muchas de esas sociedades –que le aportan su toque de distinción a lo que se conoce en el mundo entero como el ser argentino–, el fraude, la corruptela, el negociado mayúsculo o minúsculo con recursos del Estado y hasta el feudalismo son reconocidos por la mayoría.

    No se rasgan las vestiduras. Y es común escuchar: “Sí, nuestro gobernador es un delincuente, como su familia, pero ya se le terminará cuando logremos echarlos del poder”. Son actitudes, conductas, formas de enfrentar la vida y como comunidad no se flagelan hipócritamente como lo hacemos en Mendoza. Se lo toman con naturalidad. Ahora bien, cuando el país comienza a dar señales –pareciese– de cierta madurez cívica y de cambio de rumbo, como lo acaba de ofrecer Misiones, por estas tierras se agudiza el costado hipócrita. ¿O no será, quizás, que la acentuación de la hipocresía forma parte de alguna estrategia para seguir confundiendo?

    La primera reacción del gobernador Julio Cobos ante la investigación del fiscal Luis Correa Llano por las vinculaciones entre su gobierno, los barrabravas de Godoy Cruz y los dirigentes del club fue cuestionar el accionar del fiscal. Su frase: “La Justicia nos tiene acostumbrado a estos comentarios, a estos rumores”, no ha sido debidamente dimensionada por la gravedad de su significado. Luego, ante las primeras evidencias (facturas a nombre del Ministerio de Desarrollo Social) que permiten sospechar con un alto grado de certeza que desde el Gobierno ha salido el dinero para pagar el traslado de la barra brava tombina, viró el discurso para hablar ahora de “torpezas” de sus funcionarios.

    La dirigencia en general (política, económica) adopta actitudes hipócritas: se asume como la más transparente y pulcra, cuando su opacidad encandila. Mendoza, además de ser la más limpia del planeta, es tierra de los mejores empresarios, de los políticos más honestos y leales, de los medios y periodistas más calificados. Los negociados de quienes ostentan el poder en esta provincia y manejan con maestría el hilo conductor del funcionamiento de algunas instituciones, independientemente del color e impronta de los gobiernos, no permiten que las causas judiciales lleguen a donde deben llegar.

    Un ejército de especialistas en el arte de ocultar, disimular o callar le cuida las espaldas en todos los ámbitos. Si hasta se puede leer, con la pasmosa seguridad que da la impunidad y no otra cosa, que aquellos medios (como este) que ventilan causas como la de los barras de Godoy Cruz u otras tan resonantes como esa, donde los implicados son llamativamente los mismos, no hacemos otra cosa que un periodismo sensacionalista, tremendista, irresponsable y que sólo busca el escándalo.

    En los últimos veinte años, la Justicia, tanto provincial como federal, tuvo entre manos un ramillete de casos explosivos para desentrañar: la polémica privatización de Giol y La Colina, los negociados con créditos de los ex bancos oficiales, la venta de aquellos bancos, un supuesto pago de coima al juez que permitió esa venta, el cobro indebido de viáticos en el Concejo Deliberante de Las Heras cuando promediaban los 90, el caso que se conoció como el de las coimas en el Concejo Deliberante de Godoy Cruz (aún sin resolución judicial), el ventilado asunto del pago de coimas a los legisladores que destrabaron la meneada ley del transporte y la compra de colectivos por parte del Estado.

    La mayoría de esas causas terminó por caerse por prescripciones, porque se vencieron los tiempos procesales o porque se montó una extraordinaria estructura político-económico-judicial para sacarse de encima a los jueces molestos. Quienes se han visto envueltos en tales investigaciones no han dudado en afirmar que todo se gestó con el sólo fin de perjudicarlos por exitosos, por estar haciendo lo que debían hacer, por patriotas.

    En este último escándalo que destapó la pesquisa de Correa Llano, se ha visto con notable claridad esa marca que la hace tan característica a la dirigencia mendocina: los directivos tombinos denunciando a los barrabravas y llevando adelante un combate como nadie en el país contra los violentos del fútbol, hasta que se supo que transaron, cediendo a todas las pretensiones. Y eso se hizo al amparo de un consejo de seguridad que encubrió los arreglos, la provisión de explosivos pirotécnicos y de un gobierno provincial que habría destinado recursos de Desarrollo Social para el pago del traslado de los hinchas a Rosario y Buenos Aires. No son torpezas.

    Muchas de esas acciones que se hicieron con la ayuda de funcionarios públicos son delitos y si no lo fueran, tampoco esa estrategia, esa forma de actuar para “combatir” a los violentos, es la mejor ni la más conveniente. Ha sido una semana más que complicada para el gobierno de Cobos. Hacía mucho que la atención mediática no se posaba en algún aspecto de su gestión. Y se ha hecho de la forma que más fastidio e incomodidad le genera.

    Es que la durísima batalla interna que se libra en el radicalismo, con intervención y congresos dudosos, venía monopolizando el discurso y la atención de los medios, pese a que a buena parte de la ciudadanía esos asuntos ni le va ni le viene. Las actitudes conspirativas, de enfrentamiento y hostilidad permanentes ante el trabajo de la Justicia por parte del Gobierno, podría causarle a la administración el perjuicio de un divorcio incipiente con parte de la sociedad. Una oposición sistemática a investigaciones vinculadas con supuestos casos de corrupción socava la imagen y la confianza del Ejecutivo. El nerviosismo es evidente. Y lo que viene no será un camino de rosas para Cobos.

    Desde lo político, deberá jugar todas sus fichas para guiar al radicalismo K, cuanto menos, a la vicepresidencia, pensando en las elecciones del 2007.No será una pelea menor.Cualquier otra cosa que no sea la candidatura a la vicepresidencia del gobernador, acompañando a alguno de los Kirchner, será considerado un fracaso rotundo y estrepitoso. Los tiempos se adelantaron notablemente. Cobos fue demasiado lejos como para controlarlos. El escenario político nacional ha comenzado a dar señales de cambios virulentos. La campaña mediática para posicionar a Cristina y la renuncia de Felipe Solá a la reelección en Buenos Aires pueden interponerse en su objetivo.

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