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9 de abril de 2019
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¿Por qué la temporada del protector solar no terminó?

Sol de otoño: ¿Recomendable o no?

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En esta estación baja considerablemente la exposición al sol y hay evidencias científicas de que eso influye en el ánimo y en el metabolismo.

Por estas fechas en la que se transita la estación otoñal, muchas personas vislumbran ya ese periodo de sus vidas en que se levantarán antes de salir el sol para acudir al trabajo y regresarán a casa cuando haya anochecido. Y un alto porcentaje de ellas habrá pasado la jornada en un espacio cerrado, con luz artificial.

Estas circunstancias son más habituales entre los habitantes de las grandes ciudades, donde el estilo de vida actual recorta significativamente el tiempo que se está expuesto a la luz natural del sol, que se considera una fuente de bienestar corporal con efecto directo sobre la piel, sobre la mente y sobre el metabolismo.

En este sentido, el psiquiatra Michael Terman, uno de los pioneros de la cronoterapia y la vinculación entre ritmos circadianos y luz, presentó hace unos años un estudio según el cual la mitad de los habitantes de Nueva York consideraba que perdía parte de sus energías en otoño e invierno, un 47% de los investigados declaraba que ganaba peso, un 21% que dormía más y otro 31% que perdía interés por las actividades sociales durante esa época del año.

Hay evidencias científicas de que la cantidad de luz influye en la vida y el estado de ánimo de todas las personas: una mayor claridad contribuye a la activación –sea en forma de alegría o de ansiedad–, y menos luz se relaciona con depresión, lo que justificaría que algunas personas sientan que durante los meses de otoño e invierno entran en una especie de estado de letargo caracterizado por somnolencia, dificultad para concentrarse, bajo estado de ánimo.

También las hay sobre los múltiples efectos terapéuticos del sol sobre el organismo muchos de ellos derivados de la síntesis de vitamina D que facilita. La Asociación Española de Dermatología y Venerología (AEDV) asegura que el sol, además de ser imprescindible para sintetizar la vitamina D, es fuente de calcio para huesos y dientes, mejora la respuesta muscular, reduce la presión sanguínea y la respuesta inmunológica, disminuye las infecciones respiratorias, mejora la respiración en los asmáticos, reduce el colesterol y aumenta la hemoglobina en sangre. De hecho, la helioterapia, la técnica médica que utiliza el efecto de los rayos solares con fines curativos, funciona desde hace cientos de años y, en el siglo V a.C., asirios y egipcios ya construían grandes terrazas para tomar baños de sol.

Pero cuando hoy se pregunta a los médicos si para evitar trastornos estacionales se debería tomar más sol durante el otoño y el invierno, no hay una respuesta unánime ni contundente. Se llevan años oyendo a los dermatólogos, entre otros especialistas, alertar sobre los graves riesgos que la exposición a los rayos solares tiene para la piel –melanoma y envejecimiento prematuro, entre otros– y sobre la necesidad de protegerse de la radiación ultravioleta.

No obstante, científicos de la Universidad de Edimburgo (Reino Unido) sugirieron que los beneficios de la exposición al sol sobre la salud cardiovascular pueden ser mayores que los riesgos de desarrollar cáncer de piel. Según los investigadores británicos, la luz solar favorece la producción de óxido nítrico, un transmisor ­químico que está almacenado en la piel, que se ­libera por la exposición a los rayos ultravioletas del sol y pasa al flujo sanguíneo, dilata los vasos sanguíneos y las arterias coronarias, y con ello disminuye la presión arterial y puede reducir el riesgo de angina de pecho.

Asimismo, una invest­igación de la Escuela de Medicina de Harvard (EE.UU.) que sembraba dudas sobre la idoneidad de un uso generalizado y continuo de los protectores solares al sugerir que las mujeres más expuestas a la radiación ultravioleta del sol son menos propensas a la artritis reumatoide y constatar que esta relación es muy clara en el grupo de mujeres que los investigadores seguían desde 1976 y no en las que incorporaron al estudio en 1989, lo que quizá obedezca a que las más jóvenes usan habitualmente protector solar y este podría estar bloqueando los beneficios.

Por otra parte, diversos estudios vinculan una baja exposición al sol con mayor riesgo de cánceres de colon, mama y próstata, y de algunas enfermedades autoinmunes, más allá de los problemas de osteoporosis, debilidad o fatiga crónica que habitualmente se relacionan con el déficit de vitamina D.

Protegerse también en otoño

Como se comentó previamente, el sol, un aliado en la producción de vitamina D que aporta calidez al clima frío y revitaliza con su luz en estaciones más oscuras que el verano, puede ser, sin embargo, muy perjudicial para la piel. Por este motivo es importante protegerla de la potencial aparición de una carcinoma maligno. En el imaginario colectivo el protector solar es un producto utilizado únicamente en verano o, aún peor, sólo en vacaciones. Lo cierto que algo tan simple como el uso de bloqueador puede salvar vidas.

Así, y a pesar de todas estas y otras propiedades beneficiosas –se han comprobado efectos de regulación hormonal–, muchos especialistas, sobre todo dermatólogos, insisten en que también está demostrada la vinculación entre las radiaciones del sol y un tumor tan agresivo como el melanoma, que puede resultar mortal.

Yo no estoy de acuerdo en que los beneficios de tomar el sol sean superiores a los riesgos; es cierto que la síntesis de vitamina D es necesaria y que si te colocas fotoprotector por todo el cuerpo se la impide, pero basta con que dos o tres días a la semana expongas diez o quince minutos los brazos y la cara para que tu organismo disponga de suficiente dosis de esa vitamina; y el resto del tiempo vale más llevar fotoprotección porque el sol es perjudicial para la piel”, aseguraba Maider Pretel Irazábal, dermatóloga de la Clínica Universitaria de Navarra, España.

En la actualidad alrededor de 23 mil casos de melanoma son diagnosticados cada año según la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la tasa global de mortalidad alcanzó un número sin precedentes de 55 mil muertes por año. Por otro lado, cada año hay más casos de cáncer de piel que el número combinados de cáncer de mama, próstata, pulmón y colon. La incidencia de melanoma y no-melanoma, continúa aumentando globalmente con la exposición solar sirviendo como una fuerza primaria externa en su desarrollo.

Teniendo en cuenta los peligros que representa no prevenir la exposición a los rayos UV, la única manera de evitar riesgos de cáncer o evitar el envejecimiento prematuro de la piel, es conocer que el sol puede lastimar todo el año, no sólo en verano, ni sólo en vacaciones. Las visitas al dermatólogo, la examinación correcta de la piel y el uso de protector solar pueden cambiar el rumbo de una vida.

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