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1 de noviembre de 2009
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Sobre la política social del Gobierno nacional

La Asignación Universal para Hijos e Hijas de desocupados y trabajadores informales (comprende una suma de 180 pesos por beneficiario con un límite de cinco por matrimonio hasta los 18 años de edad), como la reciente remuneración extra de 350 pesos para los jubilados y pensionados que perciben haberes mínimos, son soluciones parciales y concretas de un Gobierno que avanza en la consecución de la justicia social.

    La Asignación Universal para Hijos e Hijas de desocupados y trabajadores informales (comprende una suma de 180 pesos por beneficiario con un límite de cinco por matrimonio hasta los 18 años de edad), como la reciente remuneración extra de 350 pesos para los jubilados y pensionados que perciben haberes mínimos, son soluciones parciales y concretas de un Gobierno que avanza en la consecución de la justicia social.

    Estamos cambiando la misión del Estado, que bajo la hegemonía neoliberal se desentendió de la inclusión y se dedicó a preservar los privilegios de una minoría egoísta. Nuestro Estado es social, es decir, reincorpora a los sectores vulnerables y excluidos, otorgándoles mayor nivel de igualdad y de posibilidades de desarrollo integral. Lo que parecía un dogma irreversible ha caído en saco roto. El peronismo jamás se resignó ante la pobreza y la exclusión. Nuevos fenómenos nos desafían y no podemos hacernos los desentendidos, ya que renunciaríamos a nuestra identidad política.

    Por eso nos hacemos cargo de la realidad compleja por la que atraviesan millones de hermanos y hermanas que cayeron en desgracia como consecuencia de un proyecto de demolición social inédito. Frente a ello, hemos puesto en acción al Estado, orientándolo a través de políticas sociales precisas, direccionadas a distribuir la riqueza en forma equitativa y hacia quienes más lo requieren.

    El agotamiento del paradigma neoliberal implicó condenar a la desesperación al pueblo. Hambre, inseguridad y pobreza fueron consecuencias de un modelo de transferencia de la riqueza al exterior, endeudamiento sistemático y pérdida de la capacidad autónoma de la Nación. Hoy, la voluntad política del Gobierno establece pautas claras y novedosas. Ya no caemos en la encerrona ideológica de los grandes grupos económicos y sus voceros mediáticos: nos sumamos al mundo desde nosotros mismos, anteponiendo el bienestar del pueblo trabajador y necesitado y no sometiéndonos a la fiesta oligárquica de la dependencia.

    Lamentablemente, una dirigencia mojigata considera que la política social del Gobierno es sinónimo de clientelismo y demagogia. También los llamaron demagogos a Perón y a Evita, máximos hacedores de la política social en Argentina en la segunda mitad del siglo XX. Nunca interpretaron –los críticos de pacotilla– la vida real de nuestro pueblo. De ahí que se enfurezcan cuando señalamos que “no necesitamos cargos para caminar por las avenidas del pueblo” (Néstor Kirchner). Quienes sirven a las minorías –y ellos lo hacen– pretenden que todos respondan a sus deleznables inquietudes. Se equivocan. Nosotros seguiremos con más política social, que es el mejor reaseguro sustentable para las próximas generaciones, que merecen un futuro de paz, trabajo y derechos humanos, sin exclusiones ni intereses subalternos.

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