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12 de marzo de 2007
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Análisis

Sobre la política laboral del Gobierno

La suba del mínimo no imponible para ganancias tiene aspectos ocultos o, al menos, poco difundidos. El poder que le da a la CGT, la inflación y las paritarias que se vienen. Todo, a poco de las elecciones.

    El aumento del mínimo no imponible –o sea la elevación del piso salarial a partir del cual se paga el impuesto a las ganancias– dispuesto por el Gobierno de Néstor Kirchner era una de las medidas más esperadas por un amplio segmento de trabajadores. Merced a esta modificación, según las cifras oficiales, 460.000 asalariados pagarán menos y 340.000 dejarán de abonar ese tributo.

    La resolución gubernamental no puede dejar de ser bienvenida, ya que, en los últimos meses, una importante cantidad de trabajadores, sin ganar fortunas, había comenzado a pagar ganancias, mientras otro grupo notó en sus haberes un alza del impuesto. Los aumentos salariales fueron la razón principal de la aparición del virtual pacman que, junto con la inflación, deglutió porciones importantes de los haberes.

    Por esto, tal como lo había hecho el año pasado, el titular de la CGT,Hugo Moyano, fue vocero de la demanda de los cambios en el mínimo no imponible. Moyano –jefe del gremio de los camioneros– tiene, además, una motivación adicional en lo que se refiere estrictamente al impuesto: sus representados poseen un nivel de ingresos en el que ganancias tiene una fuerte incidencia.

    La modificación, más allá de las explicaciones e implicancias económicas –por ejemplo, mientras por un lado es un beneficio, por otro significa que el Estado nacional deja de percibir una notoria suma y esa carencia se traslada a las provincias, vía coparticipación–, tiene un fuerte contenido político.

    Primero, genera réditos para la administración Kirchner, ya que la medida producirá alivio y una inevitable simsimpatía, al menos en un segmento importante de los beneficiarios. Además, fue dispuesta en el momento en que adquiere velocidad la carrera hacia las elecciones.

    Luego,Moyano, principal aliado sindical del Gobierno, también recibe su beneficio político, al punto que fue invitado a participar del anuncio junto a la ministra de Economía, Felisa Miceli, y el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, previo encuentro con el presidente Kirchner. Pero también, según los círculos políticos, contribuirá a las negociaciones salariales. Por un lado, las nuevas bandas establecidas otorgan un margen de acción superior a los gremialistas para acordar salarios que no sean alcanzados por el impuesto.

    Por otro, como habrá una mejora automática a partir de la desaparición o la rebaja del impuesto en los haberes, ese porcentaje podría ser contemplado virtualmente como parte del índice de aumento salarial a acordarse y, de esa manera, aumentan las chances de que las mejoras en paritarias se establezcan dentro de los parámetros pretendidos por el Gobierno.

    Sin embargo, siguen apareciendo nubes que echan sombras sobre la posibilidad de un tránsito sin obstáculos en busca de los acuerdos. Tal, por ejemplo, la advertencia de la Unión Industrial Argentina (UIA) acerca de que los incrementos salariales deben tener límites –más bajos que los pretendidos por los sindicatos– para no afectar la productividad.

    Claro que la UIA también está atravesando un desfiladero en procura de definiciones políticas, ya que está a punto de designar una nueva conducción y hay indicios de que tendría un perfil pro-oficialista. Otro elemento que trae aires de preocupación es la incidencia de los aumentos de precios en los nuevos haberes que se pacten, pues, pese a los controles que pretende imponer el Gobierno y a los cuestionables índices de inflación, no se ha desactivado el pernicioso círculo por el cual el incremento en los valores de los productos prácticamente desvirtúa las mejoras establecidas en paritarias.

    Por último, otro de los anhelos de la sociedad es que quienes tengan el protagonismo destruyan ese circuito letal, aunque los intereses sectoriales y las políticas dirigistas, la cuales han mostrado su ineficacia, por mencionar sólo un par de obstáculos, hasta ahora impiden avanzar más allá del mero deseo.

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